Posteado por: Farolera | Enero 23, 2010

Las preguntas de Haití

How do we sleep while the beds are burning?

Haití –la conmoción, su repentina y violenta aparición en el mapa– se llevó también las preguntas existenciales y banales, del tipo ¿por qué ellos?, ¿por qué ahora?, ¿Dios existe?

En cambio, me encuentro haciéndome preguntas mucho más urgentes e importantes.

Ya ves, yo creía en las instituciones políticas como camino para la solución de los problemas de la Humanidad: creía en el Estado, creía en las Religiones, creía en las Naciones Unidas, creía en el MERCOSUR y en la Unión Europea. Creía en la autoridad de dichas instituciones, en suma. Nada había por encima de ellas, en última instancia, para las cosas importantes, cruciales.

Y de pronto viene George Clooney y su batallón de estrellas: entretenedores, en su mayoría, y un puñado de artistas, a moverse, a movernos, a recaudar dinero y a distribuirlo. Rápida y eficientemente.

¿Dónde está el Poder?

Quizás, me digo con tristeza, haya que fijarse en otras instituciones, Farolera. El mundo ya no es lo que era. Mejor dicho, no es lo que me dijeron que era: los sueños de construir una Nación, algo más grande que yo misma, una identidad colectiva que nos conmueva, nos albergue y nos dé de comer, pertenecen al siglo pasado.

Ahora pertenecemos a una Nación global y, aunque eso es muy bueno en muchos sentidos, miro el recital de Cosquín por la tele y no puedo dejar de sentirme obsoleta, nostálgica, sentimentalista y naïve.

Pero, volviendo a Haití, digo: me dejó boquiabierta la forma en que la maquinaria hollywoodense arrasó con las iniciativas estatales –estadounidenses, haitianas, latinoamericanas–, la pasó por encima sin ton ni son y hasta Bill Clinton estuvo allí, simbolizando el punto exacto en que la hegemonía cultural y la hegemonía política se funden.

Movilización. Eso hicieron. Convocaron, inspiraron, movilizaron voluntades. Y no sólo eso: canalizaron ayuda, una ayuda bien material.

¿Dónde está el Poder? ¿Será, como dice Touraine, que los tiempos de la política y la economía están terminados?

En lo personal, tiendo a creer que el Universo nos  está mandando un mensaje claro: nuestra actual forma de organización social es inadecuada para contener a toda la humanidad. Las catástrofes naturales –poco importa la discusión de su aumento o no en los últimos tiempos– demuestran que hay algo profundamente equivocado en toda la idea del dinero: el hecho mismo de que alguien cobre por esos medicamentos o por los pasajes de avión o por la nafta para los helicópeteros. ¿Cómo puede ser? Allí deberían caer instantaneamente todas esas máscaras. Se suspende el carnaval.

Pero no, porque hacer eso trae consecuencias para todos: los laboratorios entran en pérdida (¿cuánta, por otra parte?), en fin, sería una reacción en cadena, un efecto dominó con consecuencias difíciles de prever.

¿Hasta cuándo seguiremos jugando ese juego?

África es una Haití permanente. El Impenetrable del Chaco también lo es. El conurbano bonaerense, las cárceles, la vida de los chicos en situación de calle.

Esta catástrofe haitiana, al igual que el tsunami asiático, al igual que la crisis económica mundial desatada por la explosión de la burbuja financiera, todo apunta a un solo lugar: la grieta insalvable entre la Realidad y el Sistema con que nos empeñamos en describirla y navegarla.

Este sistema está mal, mal, mal…

Y así, entre estos pensamientos, se hacen las 2 am: la gente en Buenos Aires aprovecha que el calor es más benévolo a la noche y sale a tomar cerveza, a bailar, a disfrutar un regalo preciado que damos por sentado.

Posteado por: Farolera | Enero 18, 2010

Audaces

Los audaces cantan más allá de la regadera, los audaces tienen amores y se consumen en su fuego, los audaces andan por la calle a las cuatro de la mañana sin preguntarse quién los sigue o temblar por quien pueda encontrarlos. Los audaces siembran parques, cosechan ilusiones, son hermosos como luces de bengala, se tiran del paracaídas, se van a Colombia a jugar futbol o a Nueva York a desafiar la nieve, tocar el chelo, subirse al metro a las seis de la tarde y hacer amigos donde pocos los tienen. Los audaces regresan. Los audaces viven más de ochenta años y no le temen al bastón ni a la humildad necesaria para apoyarse en otros. Los audaces, aunque se mueran, enfrentan las enfermedades como si fueran vientos de verano.

–Ángeles Mastretta, aquí.

Posteado por: Farolera | Enero 4, 2010

Que me perdone Narda

Anthony Bourdain es, sin lugar a dudas, mi chef-viajero-conductor-de-TV favorito.

(Y, sí, estoy medio enamorada, también. Obvio).

Posteado por: Farolera | Noviembre 29, 2009

La fórmula de la victoria absurda

“Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero uniforme hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia.” Camus, Albert. El mito de Sísifo.

Se sabe: “lo que mata es la lucidez”. El precio de la conciencia nos parece, por momentos, demasiado alto: “La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní”. Claro.

Camus ve en la cima una meta y, en el descenso, la hora de la conciencia. Yo lo veo al revés: es en el momento del ascenso, la roca al hombro, a cada paso, el cuerpo entero tenso como una lanza: allí está el recorrido de la verdad revelada. El esfuerzo por extraer la roca del fondo oscuro y colocarla allá arriba, donde se vea claramente, donde está la luz. Luego vuelve a caer, vuelve a su lugar original por la inercia de las cosas, pero ahora vuelve sin esfuerzo, y vuelve y “juzgo que todo está bien”, decimos, mientras bajamos la montaña para recoger otra roca, que al fin de cuentas es siempre la misma.

El descenso es la aceptación; la subida, la resistencia. Camus ve en la cima una meta, pero yo no veo tal cosa: veo un ciclo de ascenso y descenso, como la marea y como la conciencia misma. Camus asigna un sinsentido al subir y un sentido al bajar, pero pierde de vista la dialéctica del asunto: en el movimiento mismo está ese “ligero giro” que otorga sentido, que construye la fórmula de la victoria absurda. El recorrido nunca es el mismo, la roca no es la misma, Sísifo no es el mismo. En cada paso, en cada tramo del perenne camino, sus huellas van quedando, el surco se va grabando sobre la montaña, la roca se va erosionando bajo el influjo de la resistencia y el esfuerzo. Y también se va regenerando, recreando, cada vez que toca fondo y se amalgama con la tierra que hay allí abajo.

Donde Camus ve un destino hecho y deshecho por el hombre, “un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres”, yo veo un destino impuesto por fuerzas que son superiores al hombre. Veamos: Sísifo, un rebelde que se cagó en la Muerte y en Hades y en los demás dioses, ¿no se hubiese cagado también en ese mandato, de haber podido?

Existen fuerzas superiores al ser humano, y el error de éste consiste en elegirlas como contrincantes, en medirse con ellas, en desafiarlas. La lucha no es contra el Universo, estúpido, es con uno mismo, nos dice Sísifo. Es ir y reconocer esa roca, y decir “esta es mi roca”, y calzarla al hombro, y subir paso a paso por esa montaña, y decir “esta es mi montaña y estos son mis pasos”. Y luego colocar la roca en la cima y observarla bien, en esos instantes hermosos en que se balancea allí arriba, y luego dejarla caer, y seguirla.

¿De dónde viene el sufrimiento? Repito, no proviene de la lucha desigual contra el Universo: ni contra los dioses ni contra la roca ni contra la montaña. El universo es lo que es. El sufrimiento no viene de allí, ni del interior de nosotros mismos: el sufrimiento se origina en la lucidez vuelta hacia los vínculos: “en el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra”.

Sísifo sufre de soledad, la soledad de la lucidez exquisita y acuciante, la lucidez inscripta en su cuerpo, la soledad del “que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha”.

Veo un Sísifo que sufre y se regocija –tal es el ciclo de la lucidez– porque no existe un ser, ni en el Olimpo ni en la Tierra ni en el Hades, que iguale su propio esfuerzo. Ese es su heroísmo, esa su victoria absurda.

Posteado por: Farolera | Noviembre 22, 2009

Estimada Victoria

Hola, Victoria.

Disculpame. Sé que estás a mil allá arriba, organizando y acelerando pedidos e intercesiones en la burocracia celestial. Ja, sí, quién lo hubiera dicho, ¿no? Pero algo debe hacerse, me dirás.

Por acá algunos dicen que estamos viviendo momentos decisivos, cruciales. Que esta era es como ninguna otra era, que se viene un cambio de paradigma brutal. Y por momentos lo creo, sí: siento en el alma y en las tripas que es así, y me sale una fuerza desconocida para profetizar, para impulsar, para exhortar, para alentar. Vamos, vamos, amigos. Pensemos, Organicemos, Hagamos. Vamos pa’ adelante.

Pero otras veces, como ahora –por eso te escribo– me ahoga otra sensación: la de estar navegando un tiempo sin utopías, sin ideales. Sin ideologías, dicen, pero yo no creo eso, porque detrás de las ideologías acechan –con poco disimulo– los sentimientos. Los sentimientos mueven al mundo, qué duda cabe. La educación emocional es una deuda urgente de la humanidad consigo misma, so pena de perder su Herencia y evaporar su Futuro.

Me duele sentir que nos cuesta vivir en el tiempo de las cosas. Tanta alienación, tanta anomia generada por el uso esquizofrénico de la tecnología, por la repetición ridícula y a destajo de tareas que llamamos “trabajo”, por la compartimentación del ocio, por la obligación de ser feliz a cada segundo, por el plástico que nos envuelve, asépticos, no vaya a ser que los Arquetipos vayan a hacer de las suyas. No vaya a ser que nos contaminemos con el barro del inconsciente colectivo, no vaya a ser que recuperemos las raíces que llegan a lo hondo de la tierra, al abrazo de Gea, al despertar de Gaia. Vade retro.

Vos alguna vez dijiste que querías escribir como mujer. Pero muchas mujeres callan, Victoria. Hacen de cuenta que las diferencias son cosa del pasado, que ese “temita” ya está superado. Es tan difícil hacerse cargo y señalar públicamente la diferencia que nos hacen. Porque, como bien decía Deleuze, las cadenas son mucho más sutiles, son como una tanza: invisibles e irrompibles. Sí, ya sé que estoy exagerando. Vos quisiste ser actriz y no pudiste, pero de todas maneras viviste como una estrella, Victoria, qué linda vida tuviste.

Perdoname que te vomite todo así, pero no sabía a quien más recurrir. Necesitaba descargar. No, no, no es para que te pongas a llenar formularios. O a lo mejor sí. Poné que necesitamos otra Sur, necesitamos más vehemencia, menos titubeo, menos cientificismo, más pasión. Tenemos tanto miedo a equivocarnos, Victoria, que somos todos unos tibios timoratos que ponemos miles de peros antes de empezar una oración.

Necesitamos jugarnos, tener opiniones, debatirlas acaloradamente. Sin citas kilométricas, sin cfr, vr, ref. No, ya sé, tampoco irnos al otro extremo, pero ¿dónde quedó la pasión fundante? Sin eso no vamos a ningún lado. Mirá, voy a ir tan lejos como para afirmar que tanto se ha dicho sobre el “ser nacional”, esos pseudo-autoanálisis de algunos “intelectuales”, digo, tanto se ha dicho, pero yo pienso que nos perdimos en el laberinto de la Razón. Por eso tanto Valium y Alplax y Rivotril: “si no te veo, no estás, laberinto de mierda”. No es así, no.

Es cierto que la Patria se ha extendido, que los movimientos migratorios y los grandes capitales y la tecnología nos han hermanado con los ciudadanos de todo el mundo, y que nos importan los derechos de todos y nos escandalizan todas las guerras y nos espantan hambres y sedes de todos los colores. Pero sigue existiendo un arraigo, el recuerdo del hogar y de la infancia, que nos tiran hacia el terruño –¡qué palabra vieja!, bueno, no te enojes–. Los sentimientos, ¿ves?, las emociones. Y a mí me emocionan los compatriotas que laburan, que protestan, que luchan, que disfrutan, que forman familias y miran para adelante esperanzados. Siento que en esta Patria la dignidad no tiene fin: es amplia y generosa como la pampa misma.

A veces, vos sabés, me asaltan sueños afiebrados a la madrugada: la Revolución Educativa, las políticas culturales, la integración comunitaria, la generación de empleo. Esta noción econo-céntrica tan en boga, tan prolija y sutilmente inserta en nuestra conciencia que se ha vuelto natural, no problematizada, se me hace, justamente, anti-natural, aberrante: el carro por delante de los caballos. No, no. Es necesario hacer foco en la educación y la cultura, el empleo, la salud, y la economía se acomodará. Inevitablemente. El derrame va para el otro lado, en el sentido opuesto, muchachos.

A esta Patria maltratada se le ha quebrado el autoestima. Ha sido tan vapuleada, manoseada, y aún sigue siendo tan menospreciada, a diario y por sus mismos hijos (“y, estamos en la Argentina, qué querés”).

Te escribo desde la frustración, sí. Ya sé que hay tiempo. Y que lleva tiempo. Pero no sé, esta mañana me asaltó la bronca, la incredulidad, y quería decírtelo.

Gracias por escuchar, Victoria. Eso era todo, sí, muchas gracias de nuevo.

Nos hablamos, beso.

Posteado por: Farolera | Octubre 26, 2009

Una escuela con vocación de niñez

Escuela Rural

Esta Farolera está convencida de que los caminos de inclusión social por excelencia son la educación y el trabajo.

Últimamente vengo investigando la primera de ellas, es decir, la educación; particularmente, la escuela. Sí, de acuerdo: problematizar la escuela es tan viejo como la escuela misma, pero eso no quita que siga siendo fundamental y necesario.

Diagnóstico

Primera premisa: la escuela se encuentra en una encrucijada: contenidos del siglo XIX, maestros del siglo XX y alumnos del siglo XXI.

Segunda premisa: actualmente, un tercio de los adolescentes argentinos se encuentra fuera del sistema educativo, según el Censo de 2001. Las tasas de abandono y repitencia son alarmantes: más de 177 mil niños de 6 a 14 años están fuera del sistema escolar. Medio millón de jóvenes de 12 a 17 años no cursan la secundaria. Casi cuatro millones de adultos no han terminado la primaria.

Tercera premisa: “la escuela sufre, en la interpretación de los alumnos actuales, un desdoblamiento simbólico que la desvaloriza respecto de lo útil, ameno, apropiado o vinculado con la vida, sea real o imaginaria. La escuela es lo otro innecesario. Y del interés que despierta da cuenta el clima que allí suele imperar y que está demás que les cuente. (…) Conclusión, la realidad está llena de interrogantes que atraen, la escuela genera escasas inquietudes sin asidero con la realidad. Una cosa son los interrogantes de los niños y otra muy diferente las respuestas de la escuela”. (La negrita es mía).

¿Qué hacer?

Leer Más…

Posteado por: Farolera | Octubre 20, 2009

Se apagó un farol

Vela encendida

La semana pasada se apagó un farol, pero nos quedó la llama.

Pablo Martínez, mi amigo incondicional, fue uno de los pocos hombres que conocí, que sabía llorar.

Pablo era una persona honda. Uno de los pocos hombres que conocí, capaz de bucear conmigo en la parte oscura del océano, cuando se me ocurría pasear por allí. Y siempre tenía un tanque de oxígeno extra para ofrecer.

A Pablo no le asustaba que estuvieras mal. Encontraba el lenguaje para hablar bajo el agua, allí donde la cabeza se ahoga y sólo cuenta el corazón.

Pablo disfrutaba la risa, los chistes, la conversación. Amaba leer. Y era un GRAN escritor.

Pablo era caballero, respetuoso, solícito, amable y cordial, no en la superficie sino como síntoma de su hondísima nobleza.

Adiós, Pablo. Adiós, Cucú. Ya te extraño.

Posteado por: Farolera | Octubre 6, 2009

Alma grande

negra-sosa

Esperemos, Negra, que seamos capaces de honrar tu farolito.

Hemos perdido un alma grande.

Generosa. Sencilla. Apasionada. Valiente. Humilde.

Bella, Mercedes. Bella porque amó, y porque fue amada.

Posteado por: Farolera | Septiembre 30, 2009

Izquierda, derecha, necesidades básicas e iluminismo

Iluminismo

En mi opinión –y bien puedo estar equivocada, en cuyo caso les ruego me corrijan- la derecha liberal argentina en general se ocupa poco de las políticas sociales y concentra su atención y sus recursos en dominar variables económicas. Entiendo que esto se debe a que, en general, quienes suscriben al liberalismo pertenecen a las clases medias y altas y, por tanto, la satisfacción de sus necesidades básicas no depende de políticas sociales sino de las políticas económicas (darle un marco propicio a sus negocios). La izquierda, por el contrario, tiende a focalizarse en el costado “social” (a.i. las personas que dependen directamente del estado para comer, vestirse, atenderse por un médico y esas cosas) y, por esto, es mucho más consciente de las falencias del sistema, cayendo así en la simplificación económica “muerte al capitalismo”.

Ergo, si en 2011 asume la derecha (Macri ya adelantó su candidatura, vaya una a saber por qué), es probable que a nosotros acá –en nuestro microclima urbano acogedor- no nos cambie mucho, pero a una familia de Morón le puede significar la diferencia entre tener una casa o seguir viviendo en una casilla. (O peor: que los expulsen de allí a patadas para construir un “centro comercial”, autopista o lo que sea. Aunque un gobierno pretendidamente “progresista” tampoco les garantiza gran cosa). Puede significarle a una víctima de trata de blancas la diferencia entre ser protegida o ser deportada (se lo escuché a una legisladora PRO). Puede significarle a los obreros de una fábrica recuperada la conservación de su empleo o el desalojo forzado de la planta.

Sobre el iluminismo: nosotros los citadinos universitarios somos una pequeñísima minoría. Opinamos desde un living de Recoleta, comiendo y tomando, revoleando títulos universitarios entre frase y frase. Me pregunto cómo pensará la política un wichí del monte o, tal vez, un artesano de Santiago del Estero… creo que desde ahí hay que pararse para empezar a pensar en esta dicotomía izquierda-derecha. “Argentina” no somos sólo “nosotros”: hay todo un país ahí afuera, o acá nomás si te asomás a la ventana, que no está contemplado por la derecha. Cree que son sujetos de la “caridad” y no de la política.

Si alentamos esto, si le damos rienda, volveremos a achicar el estado, a librar (¡viva el liberalismo!) a la mayoría de la población a la buena de Dios y, en este momento, se me ocurre que no es una buena idea. No sólo necesitamos al progresismo por cuestiones económicas y políticas: lo necesitamos para contener una gran cantidad de gente que ya tiene miedo, que ya tiene hambre, que vive mal y la tratan peor. Gente que se ve defraudada y estafada una y otra vez por sus gobernantes, por sus sindicatos, por sus jefes. Que acumula frustración, bronca y resentimiento; y que tiene pocas herramientas o matices para expresarse y menos canales aún.

Entonces, ya sea que te mueva el amor a la humanidad o el temor a una revolución jacobina descontrolada (aka descontento social con consecuencias imprevisibles), la izquierda -o la centroderecha con “contenido social”, como podría ser el Acuerdo Cívico- es tu salida.

Posteado por: Farolera | Septiembre 25, 2009

No pecho freezing

La Ópera, decididamente, no es para pechofríos.

Primero, porque es en vivo: la energía es al tacto lo que el perfume al olfato. Se te mete por cada poro y es inevitable: mejor dicho, irresistible.

Siempre pensé que los artistas tienen un aura distinta al resto de los mortales. Sus conciencias vibran a otro nivel: en cada movimiento, en cada nota, están intensamente en el aquí y ahora, con  una entrega total. Se convierten, así, en  semidioses.

La Ópera es revigorizante. Revitalizante. Las emociones más primarias de la humanidad entran en escena, irrumpen con histrionismo, arremeten sobre la audiencia, contra las paredes, y vuelven al escenario redoblando la apuesta. Pura pasión.

La Ópera me pregunta “¿qué estás haciendo con tu vida, Florencia Benson? ¿Dónde estás poniendo la energía? ¿Estás haciendo lo que más te gusta, lo que te apasiona? ¿Estás persiguiendo sueños? ¿QUÉ ESPERÁS?”

Tenemos que volver a la Ópera: al juego, al disfrute, a estar dispuestos a seguir las emociones hasta donde nos lleven. Y, también, a  la artesanía precisa y sublime de los instrumentos nobles, del esfuerzo puramente humano.

Entradas antiguas »

Categorías