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Estrenando nuevo farol

Compañeros, compañeras, es oficial: después de tres años de intenso y fiel romance con wordpress, La Farolera se muda a Blogger.

L@s invito a pegarse una vueltita y a modificar la URL de sus blogrolls :)

Chas gracias y salú!

LUNA

¿Microclima? Y qué.

Como en muchas de estas ocasiones, los motivos que llevan a una a hacer ciertas cosas sólo se clarifican una vez que el evento se termina.

Qué hago acá, pensé más de una vez: en la entrada, en la calle, entre la marea de gente que parecía saber perfectamente qué había que hacer y qué cantar y de qué manera tocar los bombos y de qué forma acompañarlos.

A ver: yo crecí en una familia de clase “media-alta” (?), conservadora: soy una hija de los countries, de los colegios privados, de los clubes exclusivos (/yentes). Estar entre los bombos y, enfrentémoslo, los morochos, me llenó de miedo. Esperaba que, de un momento a otro, se me espetara el clásico “vení, rubia…”, pero no. Nadie. En lugar de eso, hubo algún “permiso, compañera, tienen que pasar los bombos”; alguna sonrisa tímida. Nada más.

Entramos sin problemas, rápidamente. Me ubiqué arriba, en la platea. Sonaban los bombos, acá estamos, ¡nos escuchás! Si no nos escuchás es porque te hacés la boluda, eh… Al lado mío había una parejita de 16, 17 años, no más: atravesarían todos los discursos abrazados y en silencio, como recibiendo con seriedad las promesas que se hacían desde el escenario.

El calor se hizo vapor entre las banderas y los papelitos. Los símbolos cobraban vida y se bajaban de los trapos hacia los torsos desnudos, opacos, tatuados o vírgenes. Músculos llenos de trabajo y de presencia se agitaban en ruidosa expectativa.

No hay nada que sublimar acá, me dije a mí misma: la quintaesencia del peronismo, el morochaje, el trabajador desnudo, diciendo con el bombo lo que “los otros” se niegan a escuchar. Estamos acá y no te podés hacer el boludo. Estamos acá, tenemos algo que decirte, te guste o no.

Una vez que los poros estuvieron abiertos y completamente receptivos, comenzaron los discursos. Porque en estos acontecimientos el cuerpo escucha con los poros; cada pelito del cuerpo sintonizando con las ondas del resto. Las palabras son secundarias. Son secundarias, y esto en la tele no se ve. Esto es algo que la tele no puede transmitir: el cuerpo como eslabón de una cadena de transmisión eléctrica.

Pensaba en mi gente, mi familia, mis amigos, mis redes. Pensaba en lo que se perdían, en lo que se estaban perdiendo, por el solo hecho de no querer escuchar. Por refugiarse detrás de palabras abstractas, de la pulcritud, del gestionsimo, del honestismo, del discurso autocomplaciente y autoindulgente del medioambientalismo, del ONGismo, de la puta caridad.

Acá había, en el Luna, dos generaciones de militantes: en el escenario, una con trayectoria larga, agotadora, sostenida, que venía a encontrarse con la juventud: no sólo para hacer una demostración de fuerza sino, fundamentalmente, a pasar un legado. Experiencia, calle, conocimientos, una visión: la política como una profesión y una forma de vida, un sacerdocio. Un legado. Y cuando la Presidenta dijo: “ustedes, que tienen todas las libertades, tienen ahora grandes responsabilidades: decir lo que hay decir, hacer lo que haya que hacer” (palabras más, menos), para que “no vuelvan a ocupar espacios públicos aquellos que se preocupan únicamente por su destino individual”, ahí sí, las palabras cobraron vida.

Así debe ser: los cuadros nuevos subordinados a los lobos viejos, para aprender, para ser iniciados, para ser guiados, protegidos y alentados. Ningún título y ninguna billetera te dará esto, amigo. Las cosas como deben ser.

En el Luna, ayer, hubo un traspaso generacional, un reaseguro de que el compromiso con la política no es una locura, que está bien enamorarse de la política, de la cosa pública, de las convicciones, de los destinos colectivos.

Política. Sí, señores.

¿Hacia el gran pogo nacional?

...bere bere... bere bere... bere bere...

Oportunidades políticas, nuevos actores potenciales y “más y mejor populismo”

Coincidimos con horca, brillante comentarista del igualmente perspicaz Fede Vázquez, cuando dice que el kirchnerismo es un “constructor de pisos y no de techos”. En este sentido, Musgrave –desde “la frialdad de los números”– nos dice que no hay mucha perspectiva para seguir construyendo “más y mejor populismo” (aka, “profundizar el modelo”) sino que lo que toca a partir de ahora es “defender lo conseguido”. Y en términos generales estoy de acuerdo, pero no quiero dejar de mencionar algún atisbo de oportunidades políticas que asoman en el horizonte, que no necesariamente tienen que ver con la situación económica sino más bien socio-política del país.

Me refiero, claro, a la estudiantina porteña (que amenaza con extenderse al interior del país) y al Primer Congreso Nacional del Movimiento Campesino Indígena (MNCI), entre otros. ¿Serán los K lo suficientemente astutos como para liderar y capitalizar (cooptar, aliarse, dirigir, organizar) los movimientos tectónicos que se están produciendo en la sociedad?

¿Dará el kirchnerismo en el clavo ante esta nueva enunciación social? ¿Brindará una respuesta relevante, consistente? Y si no lo hiciera, ¿quién y cómo lo hará?

Habrá que ver, por otra parte, si estos “nuevos actores” se constituyen y perduran efectivamente como tales o si, por el contrario, terminan desvaneciéndose como tormenta de verano (o de teflón).

Ante el primer caso, la Presidenta asegura que el presupuesto educativo superó el 6% del PBI. Sería interesante analizar a dónde fueron a parar esos billetes y, en todo caso, dónde se trabaron, porque las condiciones de estudio y de trabajo en algunas facultades son lamentables. Doy fe. Pero, de todos modos, se trata de una respuesta minimalista: la juventud se enfrenta a cuestiones más amplias y complejas, como la inserción en el mercado de trabajo (desempleo, subempleo, explotación, vulnerabilidad, incertidumbre, precariedad) y su consecuente erosión de las condiciones de existencia (marginalización, pobreza, adicciones).

Por otra parte, frente a la cuestión agraria, el Plan Estratégico Agroalimentario ya había comenzado a dar unas buenas pautas iniciales (y esto tiene la impronta de Alicia Kirchner por todas partes). Pero aún queda por verse la cuestión de las empresas multinacionales y cómo (des)balancear esos intereses con los de los “nuevos” actores subalternos que van ganando momentum, alentados sin duda por la circunstancial flaqueza de los sectores dominantes conservadores y la fortaleza relativa del populismo gobernante.

¿Y qué otros actores entran en escena?

Los sindicatos, por supuesto, que desde hace unos años se vienen rearmando a toda máquina y recuperando sus poderes saludablemente.

Los movimientos sociales organizados vienen siendo interpelados y encauzados, en parte, por la compañera Alicia.

Ahora bien, según entendemos desde las 62-Capital, hace falta seguir construyendo en pos de la organización del sector pyme industrial, tanto desde el lado de los empresarios como de los trabajadores, para que se constituya en otra gran “placa tectónica” que sume su voz y su peso al gran pogo nacional. Esta voz es fundamental para alcanzar una modificación sustancial y duradera del mapa de las relaciones de poder, especialmente frente a los intereses de corporaciones internacionales que hoy guardan una amplia capacidad de incidencia y decisión en los asuntos nacionales.

En fin. El retraimiento de la lógica republicanista y sus representantes implica una gran oportunidad para el avance de la la barbarie. Los primeros no saben o no pueden dar respuestas efectivas: su modelo político-institucional se va agotando, al ritmo del desconcierto y los desaciertos de los popes del primer mundo frente a la crisis internacional. La pregunta, supongo, es: ¿estarán dadas las condiciones (materiales, sociales, políticas, históricas) para tomar la oportunidad y reconfigurar el mapa de poder?

Goane, baby, Goane…

¡Enhorabuena!

Los amables republicanistas se declaran en quiebra política y nos invitan a rediseñar el Estado. Excelente.

¿...será?

¿...retomamos donde habíamos dejado?

Guerra simbólica, peleas de poder y cambios estructurales

Tanto Fibertel como Papel Prensa son peleas específicas, dentro de la gran guerra comunicacional, por el medio, por los canales, por los soportes. Si esta fuera una guerra (y lo es), esos son los recursos estratégicos en manos del enemigo tras los cuales va el kirchnerismo. En otras palabras, la guerra política es por la comunicación: por la facultad de transmitir ideas, relatos, pero sobre todo explicaciones. Porque la política, los políticos, han entendido que la gente no sólo se rige por lo que pasa en sus bolsillos: pondera también su posición relativa y el desempeño de la sociedad en su conjunto. Y es más: evalúa a sus dirigentes según las explicaciones que se le brinden de por qué está así su bolsillo, por qué a la sociedad en su conjunto le va como le va, quién es responsable de ello y quién va a pagar por ello, si cabe. Clarín y La Nación, pero sobre todo Clarín, han sido durante años los “explicadores” de cara invisible y voz neutral, los relatores o narradores de la historia nacional.

Las explicaciones no son sólo relatos: son parte de los hechos. Un hecho no está terminado hasta que no tiene una explicación. Un sentido. Y hay muchas maneras de combinar hechos con sentidos.

Los Kirchneristas, por ejemplo, hacen las cosas y después explican, y van construyendo su estrategia a partir de ese hecho explicado. ¡Pum!, volamos Fibertel, porque (a) no queremos que este multimedio siga comiendo canales de comunicación (y no, como sostienen algunos, para evitar el monopolio, que refiere a un mercado particular, y el de las telecomunicaciones el oligopólico) y (b) porque es necesario replantear la estructura e infraestructura de nuestros servicios comunicacionales. Internet es un recurso estratégico. El papel también: no porque su producción sea un monopolio (de nuevo, existen otros proveedores en Tucumán y en el exterior), sino porque existe una distribución desigual, injusta, de esos medios de producción de medios. Y eso es lo que queremos cuestionar, redistribuir, intervenir, legislar. Pero, claro, lo hacemos así: tiramos la bomba, esperamos que explote, y luego explicamos lo que pasó, por qué pasó, y vamos pensando y disponiendo sobre la marcha qué es lo que se va a hacer al respecto. ¿Planificaqué? (Aunque ha de admitirse que, al menos, gracias a los blogueros, los militantes, el 678ismo y –asumo– nuevos asesores, los Kirchner están afilando, o mejor dicho suavizando, la dimensión explicativa de sus acciones).

Esta forma particular de actuar, la “marca registrada” de los Kirchner, puede parecer caprichosa y meramente power-driven desde una perspectiva coyuntural pero, desde una visión de más largo alcance, no lo es tanto. Algunos de nosotros creemos entrever en este momento particular una redistribución de poder ente las fuerzas sociales que hace posible, o menos despareja, la lucha entre dos estructuras estructurantes, diría Bourdieu, un paradigma y sus grietas, diría Kuhn, en fin: Civilización y Barbarie. Ese, creo yo, es el contexto histórico, y por tanto estratégico, que debe darse a estas acciones tácticas.

La lucha entre Civilización y Barbarie en nuestro país implica que se dirimen sobre el campo político, social y cultural la Utopía iluminista versus la empatía extendida, concreta, un entendimiento básico de que el otro es parte de mi ecosistema, de mi hábitat, que lo que le pasa a él me pasa a mí y viceversa. La Barbarie desconfía de un idealismo desinteresado o un universalismo abstracto: la “empatía extendida” parte de la constatación empírica, experiencial, fenomenológica, de que existen otros: otros de los que soy responsable y que son responsables por mí. La identificación republicana del ciudadano es con un ideal, una bandera, ciertas palabras; en la barbarie, la persona se identifica con la tribu misma.

Si se acepta la hipótesis de que estamos en un momento histórico “bisagra”, entonces, se abre una brecha –una posibilidad real, concreta, al alcance de la mano– para cambiar los fundamentos estructurales y superestructurales del país, y estas acciones tácticas del kirchnerismo, aparentemente inconexas, arbitrarias, caprichosas, ciertamente podrían interpretarse como una suerte de “terrorismo de Estado”, como sostiene Carrió. Pero a la luz de la pelea estructural, vemos que se trata de un terrorismo al revés: es decir, una insurrección o revolución desde el estado hacia sí mismo.

El Kirchnerismo como fuerza-bisagra entiende esta lucha intestina, y sin otro mapa más que ciertos “principios-guía”, va auscultando qué es lo que hay que subsanar, corregir, y en algunos casos eliminar. Es muy eficaz para encontrar las grietas y muy hábil para colocar las bombas: aunque después su táctica sea volar todo por el aire y luego, como decíamos, sobreviene el replanteo total. Como en el rugby, están obligados a hacer sus pases siempre para atrás, o bien pegar un pelotazo con el pie para avanzar. Pareciera que el Kirchernismo se mueve a partir de una serie de principios no negociables y, a partir de ellos, cinturea la coyuntura. (Y me pregunto si cabe, si es históricamente pertinente, reclamarles un Plan, un Modelo, teniendo en cuenta su muy especial ubicación socio-histórica). Pero están convencidos, sin dudas; creen fervientemente en La Barbarie: si no, no se explica la arremetida persistente, feroz, la fe con la que tiran la bomba y confían en que todo “será para bien”. Pareciera existir, sí, una suerte de mesianismo, y también cierta frustración por la escasa respuesta que obtienen por parte de su “pueblo elegido”.

Ahora, la estrategia/táctica de Carrió es, para mí, una incógnita. Cuando el gobierno era neoliberal-derechoso, ella sale con el ARI y un progresismo feroz. Ahora que el gobierno es progre, ella se corre a la derecha con la Coalición Cívica, invocando a Rousseau y la propiedad privada. O sea: destruyó (o dejó morir; en todo caso, desestimó) todo lo que había construido anteriormente pero, además, ¡contradiciéndose! La pregunta es: ¿se corrió con el electorado, o se corrió en función del Gobierno de turno para ser oposición forever? En todo caso, ¿qué tan grande es la porción de progres-antiK como para justificar semejante panquequeada? ¿O prefiere disputar constituency a los opositores más que al oficialismo? O, quizás –y yo no soy muy amiga de las explicaciones psi, así que esto es lo máximo que me permito– ella está cómoda donde está, habiendo amasado considerable poder e influencia, y no quiere arriesgar lo ganado hasta el momento. Está cómoda. Le da miedo crecer (porque sabe que podría: “miedo al éxito”, que le dicen). No lo sé. Si alguien lo sabe y me lo quiere explicar, le estaré muy agradecida.

imagen que tomé prestada de un blog ultra anti-k

Coincido con Mendieta cuando se queja de que las medidas aisladas no constituyen una “profundización del modelo“. Para lograr esto último hace falta coherencia, persistencia, continuidad… en fin: una estrategia, una metodología, una visión.

En la edición del diario Perfil del día de ayer, apareció una nota firmada por Eliseo Verón que dice:

Las estadísticas que miden el PBI, los índices de riqueza y de pobreza, la evolución de los salarios, de los precios, de las tasas de interés y muchas otras cosas, existen en la mayoría de los países. Se supone que estos “datos” sirven de base para la reflexión de economistas y políticos. Estas estadísticas son importantes por ser oficiales, no por ser “verdaderas”. Que son oficiales significa que son normas y una norma no es ni verdadera ni falsa: se aplica o no se aplica.

(…) Mal que les pese a los economistas, la política es una lucha de intereses y valores, no de verdades o falsedades. La “manipulación” del Indec por el oficialismo es condenable en nombre de un proyecto político, no en nombre de la “verdad”. (La negrita es mía).

Yo coincido con él.

Me parece que un Gobierno que decide modificar la metodología de las estadísticas oficiales es un Gobierno que se estafa a sí mismo, que se hace trampa, porque las estadísticas oficiales son lo que te permite medirte, evaluar tu gestión, tener autocrítica, corregir el rumbo, pedir ayuda, defender posiciones, valorar logros y mejoras, argumentar frente a oposiciones internas y buitres extranjeros (y viceversa).

Los “datos oficiales” deberían darte una idea de en qué medida estás mejorando la vida de los compatriotas, de los que depositaron en vos su confianza y su futuro.

Ser juez y parte nunca fue una buena idea. Confundir herramientas de evaluación de la gestión con organismos de propaganda política, tampoco.

Cuál es la promesa

Sobre los bloggeros nac&pop, el kirchnerismo y después

Encandilada con los blogs de la centralidad nac&pop, me vuelvo momentáneamente a mi cuchitril virtual con la sensación de euforia retumbando en el silencio, como quien se va de una fiesta mientras todavía está buena.

Leo no sólo pensamientos sofisticados y discusiones encendidas; leo también aguafuertes y otros fragmentos literarios que hacen –con la intención explícita del autor o no, quién sabe– a la revitalización refrescante de  nuestra (cierta) argentinidad: la experiencia de espiar la cotidiana de un argentino o argentina entre bares, milongas, el río Paraná, los puentes colgantes, los amigos, los cafés, las cervezas, los sucesos inesperados, en fin: el otro como uno mismo.

Leo también sobre sus encuentros, jornadas y reuniones políticas y me digo a mí misma que estos blogs están cumpliendo ampliamente su cometido, que es construir un nuevo discurso ¿a la par? de la acción.

Esta intelligentsia bloggera (auténticos líderes de la minoría intensa) discute tácticas, técnicas y estrategias, analiza medidas, defiende posicionamientos; juzga, proclama, enardece, enternece, irrita, condesciende y pontifica. (Todos verbos, FYI). Desde luego, son intelectuales comprometidos, es decir, involucrados de cabo a rabo con la acción política, pues en América Latina es difícil concebir otro tipo de intelectualidad, se sabe.

Quizás todo este movimiento ya existía previamente: siempre hubo, al fin y al cabo, intelectuales, políticos y políticas rosqueando, discutiendo, actuando. Pero ahora eso se nos hace visible, más accesible, más cercano. Gracias a los blogs, claro.

Nobleza obliga, se ha de admitir que esta vanguardia intelectual, unida por ciertos rasgos ideológicos y tecnológicos –el medio es el mensaje, dicen surge como tal en tanto producto y consecuencia de un cambio de mentalidad (un reacomodamiento en el imaginario colectivo) favorecido y alentado por un gobierno nacional y popular que, mediante sus intervenciones concretas, modificó el rumbo social, político y económico de este país. Es decir, una fuerza que al llegar al poder planteó la posibilidad de una alternativa y dio los primeros pasos en ese sentido.

Ahora bien, muchos de los autores con los que me identifico se encuentran defendiendo un nacionalismo popular, una Patria Grande jauretchiana, y al mismo tiempo haciendo blanco de sus críticas al Gobierno que contribuyó grandemente a empoderarlo o legitimarlo en primera instancia. Este doble pivote, que puede parecer paradojal, descansa en la brillante implacabilidad de estos pensadores, que son capaces de vislumbrar, imaginar, proponer y discutir un modelo nacional y popular “como debe ser”, en oposición “al que es”. En otras palabras, existe un desfasaje entre lo que la realidad material actual es capaz de brindarnos –el kirchnerismo en cuanto punto de inflexión, si se quiere, primer experimento de una construcción incipiente (y que, por eso mismo, hay que defender a capa y espada) que excede a los K propiamente dichos, como bien demuestra la existencia de esta intelectualidad independiente y crítica– y lo que estos intelectuales traman entre reuniones, píxeles y etiquetas.

El kirchnerismo retoma, a su manera y con su propio estilo, aquellos conflictos históricos, en cierta medida irresueltos, que se plantearon a partir del primer peronismo. Por un lado, la pulseada de poder contra la “Patria Chica”, los sectores históricamente dominantes (la iglesia, el ejército, los grupos económicos concentrados). Por otro lado, sientan posición respecto a la izquierda y la derecha en el seno del propio peronismo, que hoy, lejos de los Montoneros y la Triple A, toman la forma –más moderada que antaño– ya de oposición o de connivencia con aquellos powers-that-be que siempre lo resistieron. Y, por último, con respecto a los sectores populares. El avance de la compañera Alicia en la construcción de una nueva corriente aparatológica, ya no territorial ni sindical, sino de articulación de los movimientos sociales, es significativa en este sentido.

Lo que me interesa del kirchnerismo y de todo lo que genera el kirchnerismo es, en definitiva, la promesa de que puede vislumbrarse –en un mediano plazo, posiblemente posterior a las gestiones K– un peronismo de segunda generación, es decir un peronismo que se plante frente a la sociedad de riesgo con la misma integridad y clarividencia como lo hizo en su momento frente a la sociedad salarial, asumiendo los desafíos y resolviéndolos siempre a favor de los sectores más vulnerables, valorizando lo propio, creciendo a partir de las condiciones materiales e históricas existentes y no en base a modelos ficticios importados de las imaginaciones ajenas.

La pregunta cortoplacista por 2011 debe ser reemplazada, entonces, por una de más largo alcance, donde eventualmente emergerá un/a líder capaz de encarnar una síntesis superior de todas las garantías que hasta el momento monopoliza el kirchnerismo en el imaginario social y que esté a la altura de lo imaginado por la vanguardia bloggera.

Porque, si de algo sirven los blogs, es para constituir una nueva –y necesaria– minoría: los cuadros intelectuales o pensadores militantes de un nuevo espacio político que propugna un nuevo proyecto de país (aunque no todavía político ni de poder), un espacio que por ahora es imaginario pero no por eso menos real, menos tangible, menos accesible. Esa es la promesa.

678 está BIEN

Antonio Berni. Pesadilla de los injustos o La conspiración del mundo de Juanito Laguna trastorna el sueño de los injustos. 1961.

Esto es lo que pasa con Berni: su ironía última radica en que su vociferante denuncia social, política, cultural, yace en las suaves paredes bienpensantes de los mausoleos de la Cultura. Ningún Juanito Laguna se enfrentará a su obra.

En otras palabras, Berni sigue reproduciendo un mundo de categorías burguesas, donde los “injustos” son los burgueses desalmados, alienados, codiciosos y avaros; mientras que los “justos” son los burgueses culposos, comprensivos, “despiertos”, profundos, progresistas, que miran desde toda suerte de ventanas –de pantallas– los bellos avatares de la vida de los pobres.

Con 6,7,8 la pantalla cobra vida y contraataca. Fíjense que las críticas al programa vienen generalmente en grandes choclos confusos y poco articulados, pero por lo que pude captar en facebook y demás, podrían dividirse en tres grandes argumentos a los que voy a responder a continuación.

1. Contenidos: “la gente” (que obviamente no mira el programa) se confunde. Repite sin cesar que es un programa panfletario. Pues no: 678 es un programa primero de crítica a los medios, es ante todo un programa anti-hegemónico, que busca deconstruir el sentido común dominante, y después es un programa de editorialización pro-kirchnerista.

Y es mucho mejor en lo primero que en lo segundo.

¿Me gustan sus editoriales pro-K? No. Dejan mucho que desear. Pero es un programa que me hace pensar, y me hace pensar porque deconstruye el sentido común, lo cuestiona y encuentra sus fallas. Sus dueños y operarios, sus falacias, sus mentiras, sus manipulaciones. Es un programa anti-corporativo, suicida. ¿Qué otro canal lo albergaría, si no el estatal?

2. Presupuesto: $600.000 al mes, sí, pero habría que compararlo con qué (es decir, con otros programas similares en otros canales y en el mismo canal). Pero me suena a que son chirolas, porque no sólo son los “cuatro o cinco boludos y un escritorio” sino que atrás está lleno de boludos y boludas investigando, editando, diseñando, produciendo, maquillando, y un montón de tecnología costosísima que no sé hasta qué punto provee el canal público (infiero que su infraestructura es mínima) y cuánto de eso debe aportar la producción (con sus propios equipos y especialistas, o alquilándolos). Ahora, digo yo: ¿está mal que el canal público procure entregar a su audiencia contenidos de calidad? ¿Está mal que los profesionales que lo hacen cobren un sueldo digno, acorde a lo que pagan otros medios?

3. Contexto – the big picture: Canal 7 y Página/12 (y agregá los medios provinciales que vos quieras) vs grandes medios como TN, Clarín, LN, Canal 26, América… sigue siendo desparejo. ¿O no?

Más importante aún que la asimétrica correlación de fuerzas, digo: es prerrogativa del Gobierno usar los medios que tiene a su alcance para intentar generar adhesión a su gestión, porque su gestión es parte de un modelo, o de una agenda, y no se puede gobernar sin el apoyo de los representados a esa agenda; especialmente cuando uno se manda contra alguna que otra corporación poderosa. Es parte del juego de la democracia. Si la mayoría los votó, es porque la mayoría quiere ver/oír lo que 678 tiene para decir (como dice Castells, y como dijo Bourdieu, las personas leen y escuchan a las personas y a los medios que vienen a reafirmar sus creencias previas).

Canal 7 y Encuentro son proyectos –y voy a decirlo con todas las letras, con el perdón de los caballeros– de la concha de la lora: figuras de primer nivel (Inés Estévez, Leo Sbaraglia, Adrián Paenza, Lalo Mir, Natalia Oreiro, Soledad Pastorutti, Dolores Cahen D’anvers, etcétera) al frente de contenidos propios, variados y excelentes. Nunca antes visto, inédito en la TV pública. ¡Gracias que los K usan un solo espacio para panfletear!

Ahora, ¿por qué la burguesía progre aplaude la denuncia de Berni y hostiga la de 6,7,8? Berni era comunista y, como el intelectual que era, no podía menos que pensarse en función de y en contraposición al peronismo. Era una crítica social, sectorial, y política que cuelga desde un espacio público/estatal (el MNBA). Igual que 6,7,8.

La diferencia entre Berni y 6,7,8 es un abismo estético producto del indiscutible talento, pero también de los soportes y los tiempos. Aunque la diferencia fundamental radica en el cambio de código: porque Berni hablaba en clave burguesa, pero 6,7,8 es el motín, es la traición, es el talibán suicida que hace explotar la bomba en su propia casa: la clase media deschavándose y destripándose a sí misma.

En 6,7,8, en fin, el sentido común hegemónico muestra la hilacha y eso molesta. Claramente. A Lanata le da celos (¡destronado en su propio juego!), a LN urticaria, a Biolcati miedo. Juanito Laguna se escapó del museo.

Dame fuego

Algunos apuntes para pensar la militancia ‘a la carta’ o la politización de las masas

Déjenme decirlo con todas las letras: la actividad política, la militancia, necesita un buen “plan de marketing” de cara a la sociedad. Necesita ganarle terreno a las ONG y la Iglesia en términos de participación social. Necesita levantar puntos en la encuesta de credibilidad.

En consonancia con algunos compañeros como Ezequiel Meler, Fede VázquezAbel y Manolo–que han escrito cosas muy interesantes respecto de las nuevas identidades políticas–, observo un revitalizado interés por lo público y me surge la pregunta de cómo –y hasta qué punto es viable– captar y convertir ese interés en militancia efectiva.

Además de la minoría intensa y el ‘6,7,8ismo’, va surgiendo en la periferia una masa difusa pero cierta de potenciales cuadros que no se les ocurre militar simplemente porque no forma parte de su imaginario ni de su realidad inmediata (social, grupal, familiar y/o personal): después de todo, no es algo que se enseñe en la escuela, ni en la universidad, excepto que vayas a una universidad pública y, en ese caso, la forma concreta que adopta la militancia universitaria probablemente resulte ajena, extraña y hermética (encerrada en su propia jerga, mecanismos y causas que no siempre son inteligibles —relevantes y/o comprensibles— para el potencial interesado/a). Es decir que, paradójicamente, a pesar del reciente ensanchamiento del Espacio Común, el ciudadano ‘de a pie’ y sin vínculo previo con algún militante o agrupación en su entorno inmediato cuenta con pocas chances de toparse “naturalmente” con la puerta abierta de algún espacio político. En otras palabras, la pregunta es si se puede pensar en ampliar las ofertas estructurales, caminos o canales alternativos para incorporarse a un partido, más allá de los sindicatos y a las redes informales territoriales y/o de clientelismo político, de modo que complementen a éstos y logren cooptar a la “militancia posmoderna”.

En síntesis, la percepción de que ahora —a diferencia de los ’90, por ejemplo— en el Espacio Público “pasan cosas”, cosas que “nos afectannosotros” (quienquiera que sea el sujeto enunciador), va (des)acompañada de un histórico déficit de canales de acercamiento, reclutamiento y/o diálogo entre la ciudadanía general y los partidos o agrupaciones políticas. Esta brecha, vale decir, fue dramáticamente incrementada durante el Proceso Militar, luego sostenida por los ’90 y su neoliberalismo “menem-pergolinista” (supuestamente “apolítico”, hiperprivatizado, apático y cínico) y bien ganada por la corruptela general e inoperancia de muchos dirigentes y/o funcionarios de turno.

Consideremos brevemente algunos de los sectores que se encuentran, en general, actualmente sub-representados en los partidos políticos:

a. Sectores medios: lo primero es pensar en qué medida, y qué porción, de estos sectores se busca interpelar. El obstáculo aquí es primordialmente simbólico, por el capital cultural de clase y el hábitus familiar típico de cada sector: mayormente se vuelcan a las ONG y/o a sus congregaciones religiosas para canalizar su vocación de servicio. El PRO y la CC cuentan quizás con la afinidad de clase como ventaja para atraer a estos sectores, pero el peronismo cuenta con mitos poderosos.

b. Sectores excluidos: desempleados, empleados en negro, inmigrantes, indocumentados, etcétera. El obstáculo es principalmente estructural.

c. Mujeres: la principal causa expulsadora de mujeres en la política radica en la praxis cotidiana de dicha actividad. Es un obstáculo tanto simbólico como estructural. Si bien todos los partidos incluyen “cuestiones de género” en sus documentos orgánicos y en sus programas técnicos, muy pocos ponen en cuestión realmente el vínculo conflictivo que existe entre las mujeres y un espacio dominado por las formas masculinas de hacer política, las cuales, en los hechos (¡tan poco nombrados, señalados, y ni qué decir cuestionados!) actúan como barreras efectivas y muchas veces infranqueables para la participación femenina.

d. Jóvenes: es una categoría transversal a las mencionadas anteriormente. Es, de cierta forma, la “audiencia natural” de la convocatoria militante. En otros lugares (por ejemplo acá) hicimos referencia a la llamativa coincidencia en cuanto a las formas de participación de los jóvenes y de los sectores medios en general; esto se debe sin lugar a dudas a que los jóvenes lideran las tendencias de consumo –en aquellos sectores con capital económico, social y cultural suficiente como para ser consumidores–. Los adultos los imitan (¡también quieren ser jóvenes!); por lo tanto en uno y otro público se observa una cierta tendencia al cosmopolitismo que los ubica subjetivamente más cerca de Obama que de la Unidad Básica. La pregunta es, ¿cómo re-localizarlos? ¿Cómo anclarlos nuevamente al territorio? Buenos Aires, sobre todo, es una ciudad que se valora a sí misma en tanto espacio o puerto de conexión con el afuera; en tanto comparte rasgos de magalópolis global con las grandes ciudades del mundo…

En cuanto a las formas concretas que puede asumir la militancia, está claro que van cambiando con el tiempo y que actualmente se abre un gran abanico de posibilidades con el surgimiento de Internet y las TIC. Así, las variables de tiempo/lugar se desagregan, ensanchando el espacio público y las oportunidades de participación hacia el mundo virtual. Ahora bien: ¿es la virtualidad efectuación o ejecución, en términos shutzianos? ¿Se interviene realmente en el mundo? Una respuesta provisoria sería “depende“: adherir a una “causa” o figura política en facebook sería una falsa ejecución; pero un buen debate en un blog es sin dudas una práctica, es acción, es militancia propiamente dicha.

Entonces, ante esta variedad de públicos y de posibles formas de militar, se hace aún más acuciante la pregunta de cómo abrir y gestionar canales de participación en y desde los partidos y agrupaciones políticas.

En este sentido, cobra una nueva dimensión el rol pedagógico de los partidos políticos. Politizar, entendida como la acción pedagógica de convertir a un/a ciudadano/a en algún tipo de militante, implica al menos tres tipos de acciones: informar (y sensibilizar, como se dice en la jerga de la propaganda o marketing social), comprometer y canalizar; y estas tres actividades deben darse en el marco de la evangelización proactiva: salir a buscar al ciudadano (sí, algo así como la vieja y conocida “campaña permanente”).

Los partidos políticos deben hacer uso de todos los medios de comunicación disponibles para hacerse cargo de la “educación cívica/ciudadana” de la sociedad, ofreciendo mensajes potentes que eduquen a todomundo en el difícil arte de la toma de posición reflexiva y fundamentada en el confuso y obscuro “mercado de ideologías” (¡y no me vengan con la sarasa paternalista y condescendiente, che, que todos tenemos algo que aprender siempre! Esta propuesta debe leerse en clave freiriana).

Si alguien aún se (me) pregunta por qué es tannn importante revitalizar la militancia, le diría que esa práctica es el dispositivo (foucaultiano) por excelencia, tanto para construir democráticamente un modelo de país como para formar ciudadanía. Es el epítome de la acción shutziana: “comportamiento con proyecto”, que además es colectivo, y además es para el bien común.

Para una justificación menos filosófica, le diría también que la militancia es prácticamente la única vía para resolver discusiones bizantinas como, por ejemplo, cuál sería la verdadera esencia del peronismo (¡corrrrrecto!, no existe tal esencia: el peronismo es una construcción colectiva, simbólica y material). Rellenará sin lugar a dudas los anémicos discursos televisivos de los dirigentes, albergará ideas brillantes para hacer crecer a la patria y, sobre todo, nos evitará en el futuro tener que escuchar clichés del tipo “Cristina se robó mi jubilación”  o “los políticos sólo quieren reproducir la pobreza porque les conviene”, o “esta c*** resentida se compra carteras en París mientras acá la gente se muere de hambre”. Quizás logremos, aunque sea, un poquito más de respeto, un poquito más de conciencia, un poquito más de entendimiento. ¿No?

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