Como nieve

Con la mirada perdida en un vidrio sucio y transitado, de pronto un copo de nieve. Tan blanco, tan limpito, entre el humo negro y el pavimento gris… oia, me había olvidado de que existía ese blanco. Me lo quedo mirando. El copo se aleja suavemente, como bailando, impávido ante tanto vértigo y tanta importancia. Flota. De pronto se transforma en un diente de león, tan ligero es. Sube y baja, sin otro rumbo aparente que las azarosas corrientes de aire que lo hamacan. Está encantado, le divierte ese juego.

Me acerco. Tal vez si lo molesto desaparece; mejor que no se dé cuenta. Pero no quiero perderlo de vista. Es tan blanco que no me canso de mirarlo y es más: ahora no quiero perderlo. Es mío, lo necesito. ¡Me gusta tanto! Quiero ese blanco para poder mirarlo todas las veces que quiera, cuando yo quiera. No quiero volver a mirar el humo negro y el pavimento gris. Al menos ese copito de nieve lo hace más tolerable…

Despacio, el copo sube y sube hasta que finalmente se pierde en una nube. Nunca fue mío. Con media sonrisa, lo dejo ir. Igual me lo guardé en la memoria.

Como nieve, algunas visiones son como nieve.

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