Desgarro
“No man is an island. entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main; [...] any man’s death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee”.
-John Donne
Caminaba en trance, pensando únicamente en todas las cosas que me quedaban por hacer. Cargaba unas bolsas pesadas y sólo quería llegar mi casa calentita, acogedora. Por eso no vi los chicos jugando en la plaza, ni la bandada de palomas atacando ciegamente las migajas en el piso. No vi las madres aburridas, conversando al borde del arenero, ni vi los mozos de los restoranes ir y venir como picaflores ocupados. No sabía exactamente cuánta gente habría allí en ese momento; ni tampoco me di cuenta del instante en que encendieron los faroles. La calle se vistió de noche y yo ni me di cuenta.
Mi vida entera estaba en mi cabeza pero de pronto algo me tironeó, como un chiquito invisible que me tiraba de la remera. Algo me pateó el corazón cuando la vi: un señora mayor sentada en un banco de la plaza. Su ropa era toda negra y estaba limpia; su pelo blanco cortado impecablemente también. Vi a su lado un pequeño bolsito maltrecho por el uso. Negro.
Estaba tan ensimismada que su espalda se había de hecho ya acostumbrado a esa posición, perpendicular a sí misma, con los ojos casi tocándole el corazón. Como si no pudiera dejar de mirárselo, con esa especie de fascinación-repulsión que nos generan las heridas, especialmente nuestras propias heridas. Me estremeció pensar en ese corazón maltratado, los bordes de las heridas pudriéndose y los gusanos comiéndoselo. Y ella no podía dejar de mirarlo. Todo lo que podía hacer era mirarlo.
¿Qué le habrá pasado a esa persona para que toda su voluntad, su fuerza, su energía se haya drenado de esa forma, dejándola incapacitada para reaccionar? ¿Habrá sido alguien de su familia, o quizás toda su familia? ¿Tendrá familia?
Y de pronto se callaron todas las preguntas porque sentí que era yo, era yo la que estaba allí sentada. Era mi piel y mis poros los que recibían el frío indiferente de la calle engalanada, la madera dura del banco, la miseria del corazón roto. Era yo la que miraba el negro de mi sweater y la que no podía quitar los ojos de mi corazón anulado. Era yo la que tenía sed de alguien, sed de una mirada, de un contacto. Sed de que alguien me mire a los ojos. Que otra persona pose su mano en mi brazo y me diga una palabra suave. Era yo la que escuchaba la risa y los pasos sin ver, la que estaba al borde de la escena y escuchaba todo, sin ver nada. Nada más que mi sweater negro.
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La soledad es tan ficticia como el acompañamiento.
Epa! Que sensación!!! Me hiciste acordar (aunque nada que ver lo escrito) a cuando escribí mi post de “All the lonely people” sobre la gente sola en Londres… hace bastante.. Siempre me llamó la atención la soledad y le tuve miedo. Ver gente tan sola y pensar que podría ser yo…
A mí las madres en la plaza también solían parecerme aburridas. Me parecía que en Londres no había chicos… y ahora me parece que está llena.. y me divierto un montón en la plaza. Las cosas siempre dependen de la perspectiva desde la que las miramos.. El momento que estamos viviendo.
Me acuerdo que cuando estaba embarazada leí un artículo de una mujer embarazada que se acordaba de eso de “no man is an island” y se reía al ver su panza enorme en la bañadera llena. Lo probé y también comprobé que si, que yo era una isla!
Justamente hoy pasé con mi mamá por esa misma plaza y le pregunté: ‘Ustedes las mamás se re aburren en las plazas, no? Mientras nosotros jugamos?’
Me miró con un gesto que podría traducirse como ‘nunca se me cruzó por la cabeza pensar si estaba o no aburrida. Venimos a a que se diviertan ustedes!!’. (Igual, yo no digo que ellas sean aburridas, sino que se están ahí en el banco mientras otros juegan. Las mamás cancheras son las que juegan con los chicos… cuando sea grande yo quiero ser una mamá canchera!!).
Qué cosa esto de ser mamá. Claro que también puede verse al revés, este caso de la mamá en la bañadera: no sólo deja de ser una isla en el momento en que son dos y no una, sino que es como lo opuesto de ser una isla… tenes un contacto permanente con alguien que está adentro tuyo. Qué sensación tan rara!!
Hernies, ¿de verdad te parece que el con-tacto es lo mismo que sentir el frío de la nada? A mí me parece que no… a mí un mimo me re cambia la vida. Las personas necesitamos la mirada de un otro, el contacto, su proximidad. No man is an island.
No sé si tiene o no mucho que ver… pero lo que escribiste me hizo acordar a lo que leí hoy en adn nación…
Contar la vida (Por Tennessee Williams)
Después de acostarse por primera vez con alguien,
sin la ventaja o la desventaja de una relación previa,
es muy probable que la otra persona te diga:
háblame de ti, cuéntame tu vida, toda tu vida.
Y de buena fe piensas que realmente tiene interés
en conocer tu historia;
enciendes un cigarrillo y empiezas a contarla,
ambos ya descansados, desparramados sobre la cama
como un par de muñecas de trapo dejadas por una niña aburrida.
Le cuentas tu vida, o lo que el tiempo, o cierta prudencia
te permite contar, y oyes decir:
Oh, oh, oh, oh ,oh,
hasta que el último oh es un sonido apenas perceptible,
y entonces, por supuesto, se produce una interrupción.
El camarero, que tardaba en llegar, aparece con un bol
de cubos de hielo que se derriten, o bien uno de ustedes
se levanta para orinar y contemplarse, con suave desconcierto,
en el espejo del cuarto de baño. Y entonces lo primero que adviertes
antes de que hayas tenido tiempo de retomar el hilo
apasionante de tu historia,
es que te están contando ya su propia historia,
tal como pensaban hacerlo desde un principio.
Y tú, a tu vez, también exclamas: oh, oh, oh, oh,
cada vez más débilmente,apenas un suspiro,
mientras el ascensor, hacia la izquierda, a mitad de camino del corredor,
exhala un último, largo y profundo suspiro de postración
y deja de respirar para siempre. ¿Luego?
Bueno, uno de ustedes cae dormido,
y la otra persona hace lo mismo con un cigarrillo encendido en la boca,
y así es como la gente muere incendiada en los hoteles.
En el invierno de las ciudades (De la Flor, 196
[Traducción: Juan José Hernández, Eduardo Paz Leston]
ja, es cierto! Lo que yo contaba era mas bien desde el punto de vista literal, digamos.. Y nada de esperar a ser grande para ser mamá. Sino te vas a aburrir en la plaza! Jaaa, yo no tengo en mis planes crecer nunca, no da.
Jaja Patala, tenés toda la razón! Nada de esperar (shh –que no nos escuche papá porque le da un patatús).
Creo que no me cansaría nunca de mirar mi panza enorme asomando afuera del agua! Además, me encanta tener los oídos abajo del agua y hablar y que me retumbe la voz!! Me imagino que así te escucha el bebé mientras está adentro tuyo. Y lo divertido que debe ser para él cuando te reís!! Se moverá todo… en fin. Qué lástima que no nos acordamos nada de todo eso.
Gracias Manulandia! Está buenísimo lo que decís y, para mí, tiene todo que ver.
Claro que un mimo o la cercanía te cambian la vida… pero yo iba a otra cosa.
¿Cuantas veces nos sentimos totalmente solos y aislados pero en compañia de alguien? ¿Cuantas veces nos sentimos cobijados por la soledad, acompañados solo por nosotros mismos?
Ah, ni hablar!! Totalmente de acuerdo. Pero convengamos que una cosa es la soledad escogida y otra la soledad impuesta (por las circunstancias, por la imposibilidad de salir de uno mismo, por lo que sea). El tema está en que uno siempre puede elegir la soledad, pero no la compañía!!! Uno bien puede querer estar acompañado y no tener quien le haga pata…
Precioso. Me encantó. Me hizo acordar a un cuento de Cortázar, el diario de Alina Reyes. Hay que saber disfrutar de la buena compañía, sea propia o ajena. En efecto, están quienes dicen que el hombre que disfruta de la soledad tiene mucho de dios o de bestia.
Saludos.
Gracias Robinson! Me imagino que tu pseudónimo, pues, no es casual…
No, la verdad que discrepo con Mr. Donne. Como en la peli About a boy, “I’m an island. I’m bloody Ibiza” jajaj…
Insisto, muy buena la metamorfosis…
Jajaj justamente, por eso digo! Tendrás mucho de dios y de bestia… pero fijate como termina esa peli (que, ya que estamos, me encantó). Gracias
Aparte, a todos nos gusta creernos que somos una isla! Lo que escribí apunta justamente a desmentir eso: es como cuando pensamos ‘yo no me voy a morir’ o ‘a mí no me va a pasar’. Pero es mentira, mentira. Nadie es una isla, nadie es totalmente único, mucho menos autosuficiente, y menos que menos inmortal. Y a cualquiera le puede pasar.
nunca habia leido una descripcion tan exacta de mis sentimientos, todavia no termino de mirar el negro de mi sweater, senti como si tu relato le hubiera dado voz a mis pensamientos, gracias
A mí me gusta pensarlo intertemporalmente…
No sabemos cuándo viene el shock, pero mientras tanto podemos actuar como si -en promedio- el shock no existe. Es difícil anticipar las pérdidas de seres queridos, problemas personales, etc. Y conozco poca gente que haga previsiones “cuasi-contables” al respecto; perdón por la analogía que debe ser patética pero es así…
Porque en el fondo, el “yo me voy a morir” y “a mí me puede pasar” termina en un fatalismo que deviene en profecía autocumplida. A largo, sí es cierto que no somos islas. Pero es una loable empresa pretenderlo.
No estoy de acuerdo. Saberse vulnerable no es lo mismo que ser fatalista; por el contrario, te da flexibilidad y, en definitiva, mucha mayor libertad. Pero entiendo tu punto: saber que la fiesta se termina no nos impide bailarnos la vida mientras dure
[...] un poco a cuento de lo que hablábamos con Robinson; pero es principalmente gracias al pase de Estudiante Crónica que estamos acá pensando las cosas [...]