Descubriendo a Simone
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De chiquita era muy fuerte el deseo de complacer a mis papás. Es cierto que me malacostumbraron, porque estuvieron en todo: partidos de hockey, concursos de salto (equitación), entregas de premios, spelling competitions, comuniones, obras de teatro… lo que venga: ellos estaban ahí, paraditos, super emperifollados y con su mejor sonrisa. Alentando, aplaudiendo o simplemente sonriendo, según lo requiriera la ocasión. Quizás eran las siete de la mañana del sábado –ahora se me ocurren un millón de lugares a donde probablemente hubiesen preferido estar; un campito en Pilar con diez grados bajo cero no sería uno de ellos–, o las siete de la tarde un viernes.
Una vez que entré en la adolescencia me convencí -Kundera, Hesse y otros de por medio- de que cuando fuera “grande” me independizaría de esas sonrisas adictivas; de ese aplauso tranquilizador. Todavía no había descubierto a Simone pero ya soñaba con ser una escritora independiente, liberal y todo eso. Me rebelé, pues, con toda mi energía contra esas fuerzas narcotizantes, esa burbuja cálida que me envolvía (sí, exacto: me volví una erreway insoportable). Y luego me enteré de que había existido una mujer que había sido todo lo que yo aspiraba a ser, y que se llamaba Simone, y fue como si me hubieran dado la llave del universo o algo así. Fue un descubrimiento cósmico: a partir de allí, la cotidianeidad y la burguesía intoxicante que me rodeaba pasaron ante mis ojos con el más abominable desprecio. Yo quería vivir en París, tener mil amantes y escribir libros que escandalizaran a mis tías.
Y bien. No sé si le habrá pasado a Simone, pero ahora que estoy bien a salvo de la neura adolescente -y bien entrada en otra, no vayan a creer- vengo a descubrir que mamá y papá no estaban tan equivocados en un montón de cosas. Y que, sobre todo, su sonrisa todavía me produce secretamente ese pinchazo de alegría, como cuando era chiquita. Pero lo re disimulo, obviamente: Simone no me lo perdonaría.
Archivado bajo: Aguafuertes, crónicas | Etiquetado: adolescencia, aspiraciones, expectativas, familia, niñez, padres, rebeldía, valores


Como la farolera que se tropezó y cayó…y se enamoró del Coronel. Me gusta la idea de esa farolera enamorada de las ideas…sin olvidar que es lo que fue, lo que pudo ser y lo que quiere ser.
(Y, Coronel, no se vaya a pensar usted cualquier cosa. El comentario de hoy lo dejé jugando y mi prima Sofi, nuevísima en la blogósfera, desconoce su existencia… juajua)
Ah…el ego…esa necesidad de identificarnos con algo/alguien/idea tan siempre presente en todos nosotros. Amen de que no soy gran simpatizante de Simone (no porque no la crea una gran intelectual, o una mujer inteligente, o cosas por el estilo) sino, por un tema de preferencias filosoficas, espero que la farolera siga en un proceso continuo de descubrirse a si misma. Si Simone de Beauvoir, la ayuda, mejor

Aunque en mi caso, enfilaria para el lado del Yogi … (ando medio mistico estos dias..sepa disculpar…
Ja. Gracias Mares, por el dudoso aliento… jajajaja eso de “espero que la farolera siga…” sonó peligrosamente a expectativa encubierta; disfraz de sugerencia que en realidad es desaprobación. Me equivoco?
jua! Y por qué asumís que yo no soy una persona mística? Sólo porque me atraen las ideas? Hmm.
mmmm, veo muchas “assumptions” (que bonito cuando uno lo pone en ingles) en su respuesta.
1- Usted asume que mis palabras tienen doble sentido. Nada mas lejos de la realidad. Autenticamente deseo (como a todo ser humano) que pueda seguirse descubriendo a si misma. Forma parte del crecimieno, personal o espiritual o como quiera llamarlo. En resumen, deseo que su constante fluir no se vea interrumpido. (en criollo, te deseo lo mejor).

2- El que andaba medio mistico era yo, no hice ningun comentario acerca de su creencia o no, en cuestiones misticas
3- Finalmente, como usted ha ya superado el dilema aprobacion/ desaprobacion que viene de su relacion con sus padres, mi desaprobacion/aprobacion debe serle indiferente. Dicho esto, y si le sirve de consuelo, yo apruebo y comparto su busqueda y atraccion por las ideas.
Epa. Qué lindo, Mares, lo que escribe; muchas gracias.