La matriz
Quien dijo que el tiempo era lineal mintió. O, mejor dicho: para algunos es lineal; para otros, el tiempo es un círculo imperfecto. Un círculo con aristas laberínticas, eso es. Uno no nace, se reproduce y muere: uno nace, cree que descubre la verdad, camina con su creencia a cuestas, luego tropieza y, quizás, decide volver a nacer. Y todo comienza de nuevo.
En algún punto de la adolescencia uno cree que se descubre a sí mismo mediante la negación: negar mandatos, rebelarse contra los padres, contra la religión que lo acunó, lo que sea. Después, sólo después, algunos pocos deciden darse cuenta de que la verdad no está ahí en la negación, sino en la aceptación. La verdadera revolución pasa por allí.
Es mentira que todos somos iguales. La igualdad esa no existe; el denominador común “humanidad” es una farsa. Uno no nace humano, se hace humano. Hasta ese segundo nacimiento, no somos más que instrumentos de la voz social: somos sus manos y sus bocas y sus pies. Todo lo que sale de nosotros no nace en nosotros, nace en esa voz ancestral y prescriptiva. La memoria genética es una fuerza real que opera en nosotros; quien haya vuelto a nacer descubrirá -no sin gran asombro- que muchas decisiones que creyó propias son en realidad copias de caminos anteriores, de sus antepasados. Aunque uno mismo haya tomado las decisiones desconociendo aquéllas. No importa: todo vuelve, todo se repite. Sólo este reconocimiento nos permite romper la circularidad del tiempo y explorar otros caminos, esos vericuetos de la imperfección del tiempo; esos son los verdaderos avances. Todo lo demás es retroactivo.
Volver a nacer es un proceso distinto al primer nacimiento, porque no existe una ruptura definitiva con el medio anterior. El segundo nacimiento es un proceso orgánico que necesariamente vuelve sobre sí mismo, en esa circularidad predilecta de la naturaleza. Hay que romper membranas y ahogarse; hay que repetir viejas fórmulas hasta que sale una nueva. Repetir el mismo error es ineludible. Obligatorio. Volver a nacer involucra todas nuestras fuerzas, nuestras diversas energías. El cuerpo se cansa, se dobla, se retuerce, se desgarra. Pero el pasaje nunca es definitivo: o bien, el último momento de este nacimiento es la muerte.
No todos vuelven a nacer; sólo unos pocos. La mayoría sigue enchufada a la columna vertebral de la sociedad y perece sin jamás haber nacido: son meras terminaciones orgánicas, burócratas de la naturaleza social. Hablan y por ellos se expresa la voz pública. Sus acciones reproducen la circularidad del tiempo, ejerciendo al mismo tiempo la presión cohesionante que dificulta el desborde de ese círculo.
Volver a nacer es aceptar que nuestra libertad es limitada, que lo que creemos nuestro en verdad le pertenece a los ancestros y que estamos aquí, simplemente, como invitados improbables de un sistema precedente, que nos cree su propiedad. Con suerte, en toda nuestra existencia alcanzaremos uno, o dos, actos verdaderamente propios; y si encima llegáramos a percatarnos, no me cabe duda de que lo atesoraremos más que a nada en esta tierra.
Archivado bajo: Aguafuertes, filosofía? | Etiquetado: descubrimientos, humanidad, individualidad, matriz, memoria genética, repetición, sociedad, tiempo, vida


En la sucesion de nacimientos que se tienen en la vida se aprende que vivir es un arte.Se adquiere una cierta sabiduría que te lleva a transformar mandatos en anhelos y dogmas en apertura de pensamiento.Es inexistente una escuela para la vida,es simplemente la busqueda de armonia en las diferencias.Nos damos cuenta que nadie va a salvarnos y dependemos unicamente de lo que somos.Pienso que el orgullo,el prejuicio,la hiper autocritica,son los factores que limitan el goce de nuestra libertad.Cuando encontramos nuestra real identidad y derrotamos a las creencias y paradigmas condicionantes de esas limitaciones,nos percatamos que la libertad es ilimitada.Cada nuevo día con su afan es ley para lograrlo.
Tu último parrafo fué una explicación genial del concepto de Sunya budista, el famoso Vacio -que no debería confundirse con el delicioso vacio que, gracias K, está cada vez mas caro-
No somos dueños de nada, nada es permanente e inmutable, todo tiene un origen dependiente de un suceso anterior y está intrinsecamente vinculado a todos los demás sucesos que pasaron y que están pasando en el universo.
El instante fue precedido por otro, no de misma distancia ni intensidad; sino por otro. En medio de ambos se encontraba un abismo, un espacio vacío sin color, olor, ni forma… perdido en los minutos o segundos, pero instante al fin también… Hice la cuenta: 1… 2… 3… ¿Una condena? ¿O una bendición? Rotaba, giraba, subía, me movía, observaba desde el silencio y mis pensamientos se ordenaban, se acomodaban… El movimiento que precedía acometía contra la armonía nuevamente y todo se repetía con cierta profundidad en su matiz… La empresa quedaba terminada para recomenzar… ¿La suma?… 4… 7… 12… Y así continuaba… multiplicando, sumando… El aprendizaje lo facilitaba.
Creo que esto me provoca una casi plena coincidencia. En especial, la cuestión de apropiarse de los instantes. A la espera de aquéllos, yo me apropio de todo lo que mi dinero puede comprar.