1. Nunca digas nunca
Yo soy siempre la típica que dice “no hay que futbolizar la política”. Odio que el conflicto éste, particularmente, se trate en términos futbolísticos: quién gana, quién pierde, desempate, etcétera. Me molesta porque el uso de esta metáfora reduce el conflicto a una dicotomía, a dos equipos (que se suponen homogéneos a su interior, todos con la misma camiseta y la misma motivación). Me molesta porque hay un resultado final, inapelable e inamovible. Me molesta porque siempre hay un ganador y un perdedor, no importa qué tan bien haya jugado. Y esto, en política, pues… bueh.
Sin embargo, ahora que de a poco voy reflexionando sobre el asunto (más calmas las emociones), no puedo evitar visualizar este último tramo de la novela como un pizarrón de DT. A ver: miremos en retrospectiva. La “final” de ayer fue de película: 4.30 am, los senadores llegan a un empate –hubo rosca hasta el último segundo-. Desempata el Vicepresidente, desoyendo a su propio capitán (bien por su DT). ¿Cuál era la probabilidad de que esto sucediera, y que sucediera así y no de otra manera? ¿Cómo se explica esta contingencia? (ah sí, estoy con Luhmann a full). Me resulta rarísimo, rarísimo cómo se dieron las cosas (más allá de alegrías o tristezas pertinentes). Primero porque se daba por sentado, entre oficialistas y opositores, que el gobierno contaba con los votos suficientes como para aprobar la 125. En segundo lugar, porque Cobos la tuvo servida en bandeja, fue un pase a los pies estando solo frente al arco. No estoy diciendo que él estuviera chocho en esta posición; eso no lo sé. Por cómo habló en el senado, me da la impresión de que estaba bastante incómodo. Pero al margen de esto, digo: a esta situación no se llega en soledad ni por casualidad. Hubo un equipo atrás: quedó plasmado en la foto cambalachesca de la oposición.
Este equipo se formaba, con muchísimas dificultades, mientras el otro equipo, el local, ya estaba bien entrado calendario de entrenamientos y pre-calentamientos. Por un lado, el peronismo aceitadísimo afilaba sintonía; del otro, el visitante chirriaba, gritaba, transpiraba contra reloj. Y de pronto, con perfil bajísimo y sin grandilocuencia, se ve una jugada marcada por líneas invisibles y una sincronización fabulosa: se ponen de acuerdo, llegan al empate, se la pasan al goleador. Tiqui, gol. Golazo de media cancha, para qué voy a mentir: a las 4.30 de la mañana me despertaron los gritos de “Cobooooos” como si fuera Palermo en Japón.
La incógnita es, ¿cómo fue el proceso del armado de este equipo? ¿cómo se pusieron de acuerdo en la estrategia? ¿cómo fue, alguien sabe? Me encantaría reconstruir la cronología de la estrategia invisible que fue, sin duda, ayudada en gran medida por errores propios del gobierno.
2. El tamaño, ¿importa?
A raíz de una discusión que tuvimos con algunas personas –personas que tienen el hábito de discutir-, surgió la pregunta de si el tamaño de la clase media importa. En primer lugar, partimos de la base de que no existe una clase media sino un conjunto de sectores que coloquialmente se las designa por igual bajo el rótulo “clase media”; pero esto ya lo señalamos en Goliat I y Goliat II.
Mi reflexión es la siguiente: el tamaño es crucial en momentos electorales, donde los sectores medios no alcanzan una masa crítica para imponer a sus candidatos (además de que cada uno de estos sectores impulsa un candidato distinto, estoy segura). Pero una vez electos, su peso relativo en la economía y como miembro de la opinión pública es suficiente como para influir decisivamente en el transcurso de los acontecimientos. Es decir, son un factor de peso para la “gobernabilidad” (palabrita que no me simpatiza y uso con infinitos reparos). Piénsese en este último conflicto: un conjunto lo suficientemente crítico de estas clases medias persistió en su apoyo al “sector agropecuario” (otra bolsa de gatos, sociológicamente hablando), forzando hasta el final a las retenciones hacia el camino de la institucionalidad. Me da la sensación de que Cristina quiso, insistentemente, saltearse los consensos, los debates, y los caminos constitucionalmente trazados. Con la misma insistencia, las clases medias junto a los demás sectores reclamaron, exigieron y presionaron para encauzar el conflicto según sus intereses. Y triunfó –no por el resultado de anoche, sino porque en cada una de las instancias lograron lo que se proponían, forzando al Gobierno a recapitular. Nadie puso de rodillas a nadie, pero sí me queda la imagen de Cristina entre la espada y la pared.
Me da la sensación, pues, de que el mapa electoral del año pasado, en el cual Cristina perdía los principales distritos urbanos del país, se superpuso con los hot spots de las protestas en esta crisis. Esto significa que Cristina no avanzó ni un ápice en agrandar su base –predica para los fieles; no salió a evangelizar. De hecho, es incluso hasta probable que haya perdido unos cuantos fieles al templo de enfrente en este enfrentamiento, valga la redundancia. Y si la economía sigue creciendo (aunque a ritmo incierto y con destino desconocido), significa que una porción de las clases populares pasarán a engrosar la zona gris de las clases medias; aún sin identificarse con éstas, sus reclamos y necesidades cambiarán, sin duda. Habrá que ver si puede aún Cristina seducirlos.
3. Oportunidad histórica
También preguntaba Caminar si consideramos este momento como “histórico”. Yo le contestaría que el tiempo dirá, pero que depende de qué hagamos a partir de ahora con todo esto. Si nada cambia, pues no; pero es nuestra responsabilidad hacer que cambie… yo sí creo que este momento marca una inflexión. Saadi y su trueque voto-por-puestos puso en evidencia que este mecanismo ya no tiene éxito garantizado. Ahora el estándar de consenso se subió. Esto hay que alimentarlo y mantenerlo. Tengo la secreta esperanza de que este sea el inicio de una nueva forma de conducción política Argentina: más madura, más transparente, más idealista, más patriota. Algo, estoy segura, en el electorado cambió a partir de esta experiencia.
4. ¿Vuelve el radicalismo?
No sé. ¿Vuelve? Hoy se robó todas las cámaras y micrófonos. ¿Durará el fenómeno? ¿Renacerá el fénix? (Me imagino que se quieren matar por haberlo expulsado a Cobos).
5. Sistema/entorno: ¿de qué NO se está hablando?
Por último: este conflicto está sirviendo de pantalla gigante –hay que ver qué hay detrás, no vaya a ser que se levante la cortina y nos encontremos un martes trece. Hay que prestar atención. INDEC, inflación, redistribución, obra pública, licitaciones, etcétera. Basta de Mundiales mentirosos.
ACTUALIZACIÓN: sobre el punto 4. Ver aquí.

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Por: El NO del Senado a las retenciones al campo: el día después « PiensoLuegoPiensoLuegoExisto el Julio 18, 2008
a las 9:56 pm
Hola Farolera:
Concuerdo completamente con lo primero: cada victoria se festeja agarrándose la camiseta y mostrándola al público, como si fuese un partido del mundial. Somos tan excitistas que todo lo convertimos en un juego al que hay que ganar si o si (las consecuencias, si el “partido” estuvo bien ganado, si el resultado realmente favorece… eso no importa).
Con Cobos concuerdo también. Ya dije que me parecía “timing político” y no que fue “con el corazón” (un político llega a los estratos más altos gracias a lo primero, no a lo segundo).
Lo del tamaño: importa, y completamente. Hoy tenemos un Gobierno “choripán” porque la clase media casi no existe y la alta se contenta con sacar diferencia (antes de que explote todo). La falta de educación y el aumento de la pobreza hace que los de la clase más baja sean los más numerosos políticamente hablando. Y así nos va…
Este punto es histórico, por más de que no pase nada de ahora en adelanta. Son muchos los puntos que convergen en ese “spot” (confianza del Gobierno en un resultado positivo, “paquecazo” del vice, haber ganado una propuesta “golpista”, etc). De lo que no estoy seguro es de si va a quedar como historia “buena” o “mala”. Todo depende de lo que la gente le crea a la Presidenta.
Al punto 4, definitivamente no. Aunque es un espaldarazo grande, priman otro partidos con más fuerza política. El radicalismo, estimo que no lo veremos al poder en muchísimo tiempo.
Con respecto al 5, es algo que yo también ví y por eso consideré que este “partido dado vuelta en el último segundo” es peor para Argentina que si se hubiese perdido. Ahora todos festejan y dicen “el pueblo tienen el poder”, lo que hará que se “relajen” y hasta incluso vuelvan a soportar más atrocidades, porque “recuerdan el partido que ganamos? Faaaaa…”.
Esto no da para más. Hasta que el argentino mism no cambie, seguiremos viviendo en una zona “mundialista” en dónde los viejos seguirán hablando de “partidos ilustres e increíbles” sin importar cuántos se hayan perdido desde ahí hasta hoy. Lamentable.
Saludos y suerte!
Por: PiensoLuegoPiensoLuegoExisto el Julio 21, 2008
a las 10:20 pm
Gracias PLPLE!!! (te rebauticé con las siglas, espero que no te moleste)
Lo del punto 5 es tal cual, tal cual. Hay que mantenerse alertas, pero por todas partes lo único que escucho es “bueno ya está, basta de hablar del campo y las retenciones, pasemos a otra cosa”. Me pone muy triste.
Por: Farolera el Julio 22, 2008
a las 11:38 am
@Farolera: no te preocupes que muchos usan ese apodo, si ponés todo junto te volvés loco!
Si, y lo peor de todo eso es que volvemos a “fojas cero” con todo. Ya es como si nunca hubiese pasado nada. Otra vez a demostrar del principio que este gobierno no sirve, es como si recién ahora asumió Cris(is).
Una RAM muy volátil tiene el Pueblo Argentino. Así nos va.
Saludos y suerte
Por: PiensoLuegoPiensoLuegoExisto el Julio 25, 2008
a las 1:48 am