Hace unas décadas, el asesino era militar: una sombra oscura y “legal” que arrebataba los hijos a las madres y los nietos a sus abuelas.
Se tragaron el llanto y dieron batalla. Caminaron horas, días, meses, años, por los pasillos de la plaza y de la justicia (así, con minúscula, por supuesto). La denuncia era muda y estridente.
Hoy el asesino es el paco la carencia: de perspectivas, de futuro, de trabajo, de dignidad. “No queremos sentir, pero tampoco nos queremos morir”.
Son las madres, no podían ser otras, las que hoy recorren los pasillos de la villa arrebatándole a la muerte sus bebés. Sus hijos.
Almas fuertes, eternas, monolíticas. Les debemos todo.

Una madre brasileña intentando evitar el desalojo, a.k.a la destrucción de su comunidad

tremenda foto… tremendas Madres
Por: ani el Febrero 23, 2009
a las 12:48 pm