Vaya mi propia y humilde lectura de estas elecciones que pasaron.
Tengo la impresión de que con esta elección de ayer, ha resucitado una vieja dicotomía que parecía empezar a diluirse en la imposible complejidad posmoderna del escenario socio-político actual: la izquierda y la derecha. Es decir, muchos habían empezado a dudar de su vigencia para describir fenómenos tan indescriptibles como el peronismo o, para el caso, el radicalismo.
Ayer -y durante los días previos- resucitó con la fuerza de Lázaro.
Por una parte, seguí con mucha atención los comentarios en facebook. Por el círculo que me toca frecuentar, he tenido que leer statuses y notas y enlaces que, aún siendo yo anti-kirchnerista, me daban vergüenza ajena. Resentimiento, racismo, odio puro: el mismo “lo vamo’ a hacer cagar” que repiquetea del otro lado, tras los bombos y papelitos.
Realmente, nos llenamos la boca hablando de “modelos” y de “estrategias” y de “gestión” y de números y logros como si fuéramos un país, qué se yo, serio. Intelectual. Racional. Ningún país es serio si a uno y otro lado de la contienda política se bambolean los barrabravas, unos con facebook y blackberry y otros con bombos y choripanes.
Los de la blackberry resucitan videos de Pino abrazándose a Chávez, luego de que la operación “cerró con el kirchnerismo” fracasó. Los K siguen defendiendo lo indefendible, prácticamente sin autocrítica y supeditando la emergencia sanitaria a una elección.
Resucita la izquierda, resucita la derecha. Resucita la polarización. Quizás sea tendencia mundial, algún sesudo analista/politólogo me lo dirá. Hoy más que nunca, parece necesario pronunciarse a favor de la igualdad o a favor de la libertad, como si una pudiera prescindir de la otra. La síntesis de las dos, curiosamente la menos nombrada de la tríada, es la fraternidad. Nos haría bien pronunciarla más, evocarla más, embanderarla más.
La derecha macrista se olvida de las raíces menemistas de su líder, se olvida que en esta elección se alió al peronismo -ellos, que son una fuerza nueva, gor-, se olvida de las políticas sociales y busca padrinazgo bajo la sombra de un cabezón que acostumbra a construir presidentes y derribarlos.
La izquierda se aglutina bajo el Pino que nos da esperanza, que habla bien, que dice lo que tiene que decir, fundamentalmente porque no se olvida que argentinos somos todos, no los cuatro o cinco perejiles que opinamos desde la mesa, calentitos, con estudios universitarios y algún pariente sojero. Argentinos son el 60% de los chicos que viven en la pobreza. Son los desocupados. Los campesinos. Los wichis del monte. Los docentes, los enfermeros. Argentinos somos todos, y para crecer tenemos que crecer todos. Al mismo tiempo. Aunque eso nos lleve más tiempo. Aunque nos de menos ganancias. Aunque nos de PBIs y superávits y qué se yo qué siglas menos espectaculares.
Fraternidad –leave no one behind. Sólo que esta es una guerra contra el hambre, contra la pobreza, contra la indignidad.
Si alguien viene a hablarme de baches y de gestión, sale zapatazo à la Bush. Que me hablen de chicos atendidos, de mujeres contenidas, de centros culturales, de hospitales provistos. Acá no es joda. Todo muy lindo los números, pero la política son personas.
Cristina, por su parte, tiene una gran oportunidad, pero me da la sensación de que va a desaprovecharla, a juzgar por su discurso de hoy: la de hacer su propio camino, ahora que se le desprendió el marido omnipresente e hipercontrolador. Mandarlo a contar pingüinos al Calafate y reinventarse, renovar el gabinete, darle aire a sus pretensiones institucionalistas. En fin.
El tiempo dirá. Nada nos asegura que Pino alcance nuestras expectativas, pero por ahora es suficiente para seguir soñando. Que no es poco.


Estimada Farolera: muy bueno lo suyo. Usted sí que sabe articular sus ideas.
Ojalá haya una luz al fondo del túnel, como parece verla usted. Además de que me parecieron las elecciones más paupérrimas que he visto en cuanto a debate y propuestas en general, yo siento que esta película de Pino es una remake de una que vi con Zamora y, si me apuran un poco, con Alende. En particular, el electorado de la Capital me parece de lo más esquizoide, y no suele ser proyección de nada. Le aseguro con la ignorancia que me caracteriza que si los que lo votaron a Proyecto Sur leyesen atentamente lo que acaban de votar (¿ampliar los derechos de no discriminación a los inmigrantes de países vecinos? ¿Plan Agrario Nacional?), la mitad sale corriendo a pedir la boleta de vuelta. Veremos, si no, qué pasa cuando haya que empezar a votar cuestiones molestas (aborto, drogas, imputabilidad de los menores o si debemos asistir al cumpleaños de 15 de una hija de Chávez).
Yo soy un pájaro que casi nunca ve la luz; sepa disculpar la negrura de mis pensamientos.
Suyo affmo.
Cucú
PD: excelente lo de blackberrys vs bombos.
Por: Cucú el Junio 30, 2009
a las 9:53 am
Sí, totalmente: los que votamos a Pino hoy somos los que votamos a Zamora ayer, no hay dudas. Eso no significa que seamos esquizoides sino mas bien coherentes: tenemos una demanda, clara, fuerte, rimbombante, de tener un líder intelectualmente sofisticado, que comprenda las sutilezas políticas tanto en materia de derechos constitucionales como de las internas sindicales. Nuestro estándar es altísimo. Y vamos a seguir votando en esta dirección hasta que alguien sepa/logre capitalizar esos votos y darse envión para alcanzar la presidencia.
Me indignan, sobre todo, las reacciones de la derecha macrista: sacan videos de Pino con Chávez y los publican por doquier como si fueran “evidencias” de un “delito”, cual cámara oculta de Telenoche. ¿?? Me saca.
Evidentemente Pino abrió una brecha en el sentido común establecido por la ideología dominante, y las reacciones son pavorosas, incesantes y burdas.
Por eso hago referencia a la polarización izquierda-derecha: porque no sólo las fuerzas políticas han tenido que definirse a uno u otro lado del espectro (con gradaciones, claro: derecha, centro-derecha, centro-izquierda?, izquierda), pero ubicarse al fin en esa escala. Nadie pudo decir, como en otras ocasiones, “no soy de derecha ni de izquierda, porque eso ya no representa/significa nada”.
Y también hablo de polarización porque está cada vez más clara la brecha, no sólo marcada por los barrabravas, sino también por las mismas políticas de cada uno de los oficialismos y las propuestas de los candidatos: mientras algunos contemplan la inclusión social y las políticas sociales, otros hacen referencia a los baches, la limpieza (!), la eficiencia (!!), la seguridad (!!!).
Y sí: unos representarán con mayor intensidad y ahínco y otros de manera más moderada, pero lo que se dirime aquí son dos ideologías, la izquierda y la derecha, sin que ninguno se detenga a pensar que se necesitan mutuamente.
Se necesitan porque, como decía anteriormente, la igualdad sin crecimiento no sirve de nada, pero el crecimiento sin igualdad tampoco. Crecimiento en igualdad se llama “desarrollo” –las otras alternativas son la demagogia y el conflicto social.
Por: Farolera el Junio 30, 2009
a las 10:42 am