
La plena inserción de la mujer en el ámbito público está lejos de ser alcanzada, se sabe. A pesar de que vemos circular varios nombres por la arena política y técnico-política, las que manejan poder-poder son pocas en este país: Cristina, Lilita (cada vez menos) y pará de contar.
Ya hemos hecho mención anteriormente a cómo se “mechan” los nombres en las listas, cual palmeras en una medianera del conurbano, para que parezca equitativo. La realidad es que son muy pocas las mujeres que encabezan la lista.
¿Por qué?
Subsiste una dinámica netamente masculina en el ámbito político. No sólo en el lenguaje –dato trascendental si los hay, prueba fehaciente del crimen–, sino en las prácticas (que, en definitiva, lenguaje y prácticas son una sola y misma cosa).
El nivel de agresividad que conlleva el debate y el hacer política resulta una barrera áspera, o incluso a veces infranqueable, para participar. Agresividad verbal, intelectual, psíquica –y, sí, en ocasiones es física–. La actividad política, entendida como el conjunto de transacciones e interacciones que se efectúan en el seno y alrededores de la comunidad política, no es otra cosa que una sublimación –muy sofisticada, por cierto– de la violencia.
Por esto, y no por otra cosa, es que muchas mujeres nos mantenemos al margen: porque, en efecto, entrar en el campo de batalla implica “curtirse”, ponerse la armadura, el casco, las botas, y ser zarandeada en un viaje veloz y tonificante. Pura excitación.
Algunas mujeres consienten, pagan la entrada, se ponen el casco y batallan, codo a codo, con sus pares masculinos. Bien.
Pero la mayoría no. La mayoría tiene que hacer una negociación –uf! una más a todas las negociaciones internas que, de por sí, impone la política al sujeto que la desea–. Es la negociación entre la integridad psíquica y la pasión. Y hay tantos resultados de esta negociación como mujeres interesadas en la política.
Al hombre le resulta natural esta dinámica de la violencia sublimada, de la agresión, de la excitación, de esa especie de comportamiento de hinchada (no necesariamente de barrabrava, eh, ojo) de ‘ueeee…!’. Es la dinámica en la que está inserto históricamente desde hace cientos de miles de años.
A la mujer no. La mujer, como decía, paga un precio de entrada, atraviesa un rito de iniciación al principio y, después, uno de pasaje cada vez que entra y sale del ámbito público.
Basta ver las dinámicas en grupos de participación exclusiva o cuasi-exclusiva de personas de un mismo sexo. Los hombres podría decirse que “se preparan tras bambalinas” y, una vez que se abre el telón, les gusta aparecer en escena y declamar todo su conocimiento previo sobre equis asunto de su especialidad. Así se enfrentan: bloques de pensamiento ultra-procesado, por lo general herméticamente cerrado (y, en todo caso, que no se noten las grietas). Típicamente, los hombres compiten: tal es su hábitus.
A las mujeres nos gusta reunirnos en ronda e ir pensando en voz alta, en “beta”: vamos hilvanando pensamientos y completando las frases de la otra hasta conseguir, entre todas, un mosaico de perspectivas y aportes sobre un mismo tema. No tanto un patchwork, sino un telar. Habrá opiniones diferentes, pero se estará generalmente en paz con el disenso. Las mujeres aportan, contribuyen.
Claro que hay mujeres y mujeres. Interactuando en grupos mixtos, algunas son más caraduras, otras más sueltas, otras más eruditas y sabihondas: cada una la pelea desde donde puede/tiene (y acá está la clave: el problema fundamental radica en nuestra falta de unión: se necesita un Sindicato de Mujeres que Hacen Política, pero eso es impensable dado el escasísimo nivel de solidaridad de género con que contamos las mujeres. Otro regalo, sin dudas, de nuestra herencia y educación machista, de la que sin embargo nos tendremos que hacer cargo, eventualmente). Pero la realidad es que son pocas las que pueden mantener un diálogo a lo largo del tiempo con sus pares masculinos: a veces participa, a veces no. A veces le sale bien; y a veces puede salir muy mal (no digo en términos de “resultados” sino mas bien de “economía emocional”). Visto así, la acumulación y balance de experiencias negativas y positivas conllevan a una cuidadosa evaluación de la energía psíquica disponible al momento de encarar la batalla. Una chequea: “¿tengo energía para morfarme estos tortazos sólo para defender un punto de vista? ¿Y si me guardo mi opinión, mejor, y escucho las de los demás pero sin hablar? Es más cómodo así”.
“Es más cómodo” es, por supuesto, una forma de decir: en realidad, se trata de un mecanismo de autopreservación. El “curtite, nena” simplemente no hace efecto en nuestras cabezas.
Queda la pregunta, entonces: ¿cómo hacer poder, parir poder, desde y junto a la Mujer?
Escribiendo este post, por ejemplo
Es muy duro: creo que muchas mujeres argentinas y en el mundo que tendríamos potencial político (bah, ya me incluí, terrible) hemos elegido otros espacios en donde batallar. No sé si batallamos menos, si nos curtimos menos o si estamos exentas del crisol de roles que le tocan hoy a lo femenino, la variedad de perspectivas que hoy nos invaden… pero qué sé yo, no dejo de pensar que eso que hacemos cada una también es política, pero política hecha desde lejos, poder cultivado desde la fuerza interior, victorias conquistadas desde lo cotidiano, lo social, lo ecológico, lo maternal, lo creativo…. ¿lo político al fin? No sé, lo pienso y no lo paro (de parar y de parir). Gracias Flor
Vicky:
1. Está muy bien que te incluyas, no sólo por tu enorme talento sino porque es el primer paso hacia la equidad
2. Tenés razón, desde luego: todo eso que mencionás –lo cotidiano, lo social, lo ecológico, lo maternal, lo creativo– es política, pero porque ningún acto o pensamiento está exento de ella. Es más un mérito de la política que de nos, me parece. Por eso definí a la política como “el conjunto de transacciones e interacciones que se efectúan en el seno y alrededores de la comunidad política”. En ese ámbito concreto y particular, creo que la entrada de la mujer y su permanencia están muy condicionadas y amenazadas. No porque la mujer no pueda/sepa debatir ni mucho menos, pero por la densidad de la violencia puesta en juego, al menos aquí en Argentina.
Creo que si esa violencia fuese menor o si las dinámicas de la actividad política ofrecieran alternativas, muchas mujeres que hoy “hacen política desde lejos” probablemente la harían “desde cerca” o incluso “desde adentro”. Vos misma, por ejemplo, serías un cuadro fantástico: y no creo que sea por falta de compromiso, de pasión o de interés por lo público que no te involucrás. Creo profundamente que en el fondo de tu falta de identificación con la política tiene que ver con estos mecanismos (auto)excluyentes que operan en la dimensión implícita, subyacente, de esta actividad.
La política excluye activando en muchas mujeres un mecanismo de autoexclusión; de manera análoga a cómo la universidad excluye a las clases populares: no de forma explícita, prohibitiva, sino de manera implícita y “preventiva”, es decir, mediante mecanismos de interiorización de ciertas nociones y normas que producen, muy eficazmente, su exclusión de dicho ámbito.
3. Todo esto es muy distinto, pues, a decir que las mujeres “batallamos menos”; if anything, estoy diciendo que batallamos más: que batallamos contra prejuicios propios y ajenos, contra nosotras mismas, y contra fuerzas muy poderosas e invisibles –y aún así nos las arreglamos para meter un bocadillo acá y allá.
4. Fijate, sino, cómo operó en vos esta autoexclusión, cuando te viste forzada a explicitar el hecho de que te autoincluyeras como un acto de soberbia (cómo OSÁS incluirte, Victoria!!, sería la vocecita autoexcluyente interior), de insolencia. Pensálo. Osaste cruzar un límite y enseguida te cayó el represor interior, pero vos, que sos viva, lo anulaste instantáneamente con un chiste… estas son las múltiples formas de negociación a las que recurrimos, de manera más consciente o inconsciente, para alcanzar nuestro lugar en el mundo.
La mujer aporta creatividad.Patea el tablero y vuelve a repartir las cartas.La incertidumbre de no saber como viene LA MANO asusta al hombre .
Pero uno debe siempre entregarse a la propuesta femenina , porque cuando propone , propone de en serio.
El mundo ha cambiado, y hay que escuchar a estas hermosas criaturas lleneas de amor y compasión
He dicho
Lindo tu blog, lo del telar me encanto
Beso,
A-
[...] en sus documentos orgánicos y en sus programas técnicos, muy pocos ponen en cuestión realmente el vínculo conflictivo que existe entre las mujeres y un espacio dominado por las formas masculinas de hacer política, [...]