Sobre los bloggeros nac&pop, el kirchnerismo y después
Encandilada con los blogs de la centralidad nac&pop, me vuelvo momentáneamente a mi cuchitril virtual con la sensación de euforia retumbando en el silencio, como quien se va de una fiesta mientras todavía está buena.
Leo no sólo pensamientos sofisticados y discusiones encendidas; leo también aguafuertes y otros fragmentos literarios que hacen –con la intención explícita del autor o no, quién sabe– a la revitalización refrescante de nuestra (cierta) argentinidad: la experiencia de espiar la cotidiana de un argentino o argentina entre bares, milongas, el río Paraná, los puentes colgantes, los amigos, los cafés, las cervezas, los sucesos inesperados, en fin: el otro como uno mismo.
Leo también sobre sus encuentros, jornadas y reuniones políticas y me digo a mí misma que estos blogs están cumpliendo ampliamente su cometido, que es construir un nuevo discurso ¿a la par? de la acción.
Esta intelligentsia bloggera (auténticos líderes de la minoría intensa) discute tácticas, técnicas y estrategias, analiza medidas, defiende posicionamientos; juzga, proclama, enardece, enternece, irrita, condesciende y pontifica. (Todos verbos, FYI). Desde luego, son intelectuales comprometidos, es decir, involucrados de cabo a rabo con la acción política, pues en América Latina es difícil concebir otro tipo de intelectualidad, se sabe.
Quizás todo este movimiento ya existía previamente: siempre hubo, al fin y al cabo, intelectuales, políticos y políticas rosqueando, discutiendo, actuando. Pero ahora eso se nos hace visible, más accesible, más cercano. Gracias a los blogs, claro.
Nobleza obliga, se ha de admitir que esta vanguardia intelectual, unida por ciertos rasgos ideológicos y tecnológicos –el medio es el mensaje, dicen– surge como tal en tanto producto y consecuencia de un cambio de mentalidad (un reacomodamiento en el imaginario colectivo) favorecido y alentado por un gobierno nacional y popular que, mediante sus intervenciones concretas, modificó el rumbo social, político y económico de este país. Es decir, una fuerza que al llegar al poder planteó la posibilidad de una alternativa y dio los primeros pasos en ese sentido.
Ahora bien, muchos de los autores con los que me identifico se encuentran defendiendo un nacionalismo popular, una Patria Grande jauretchiana, y al mismo tiempo haciendo blanco de sus críticas al Gobierno que contribuyó grandemente a empoderarlo o legitimarlo en primera instancia. Este doble pivote, que puede parecer paradojal, descansa en la brillante implacabilidad de estos pensadores, que son capaces de vislumbrar, imaginar, proponer y discutir un modelo nacional y popular “como debe ser”, en oposición “al que es”. En otras palabras, existe un desfasaje entre lo que la realidad material actual es capaz de brindarnos –el kirchnerismo en cuanto punto de inflexión, si se quiere, primer experimento de una construcción incipiente (y que, por eso mismo, hay que defender a capa y espada) que excede a los K propiamente dichos, como bien demuestra la existencia de esta intelectualidad independiente y crítica– y lo que estos intelectuales traman entre reuniones, píxeles y etiquetas.
El kirchnerismo retoma, a su manera y con su propio estilo, aquellos conflictos históricos, en cierta medida irresueltos, que se plantearon a partir del primer peronismo. Por un lado, la pulseada de poder contra la “Patria Chica”, los sectores históricamente dominantes (la iglesia, el ejército, los grupos económicos concentrados). Por otro lado, sientan posición respecto a la izquierda y la derecha en el seno del propio peronismo, que hoy, lejos de los Montoneros y la Triple A, toman la forma –más moderada que antaño– ya de oposición o de connivencia con aquellos powers-that-be que siempre lo resistieron. Y, por último, con respecto a los sectores populares. El avance de la compañera Alicia en la construcción de una nueva corriente aparatológica, ya no territorial ni sindical, sino de articulación de los movimientos sociales, es significativa en este sentido.
Lo que me interesa del kirchnerismo y de todo lo que genera el kirchnerismo es, en definitiva, la promesa de que puede vislumbrarse –en un mediano plazo, posiblemente posterior a las gestiones K– un peronismo de segunda generación, es decir un peronismo que se plante frente a la sociedad de riesgo con la misma integridad y clarividencia como lo hizo en su momento frente a la sociedad salarial, asumiendo los desafíos y resolviéndolos siempre a favor de los sectores más vulnerables, valorizando lo propio, creciendo a partir de las condiciones materiales e históricas existentes y no en base a modelos ficticios importados de las imaginaciones ajenas.
La pregunta cortoplacista por 2011 debe ser reemplazada, entonces, por una de más largo alcance, donde eventualmente emergerá un/a líder capaz de encarnar una síntesis superior de todas las garantías que hasta el momento monopoliza el kirchnerismo en el imaginario social y que esté a la altura de lo imaginado por la vanguardia bloggera.
Porque, si de algo sirven los blogs, es para constituir una nueva –y necesaria– minoría: los cuadros intelectuales o pensadores militantes de un nuevo espacio político que propugna un nuevo proyecto de país (aunque no todavía político ni de poder), un espacio que por ahora es imaginario pero no por eso menos real, menos tangible, menos accesible. Esa es la promesa.

Florencia:
“Lo que me interesa del kirchnerismo y de todo lo que genera el kirchnerismo es, en definitiva, la promesa de que puede vislumbrarse –en un mediano plazo, posiblemente posterior a las gestiones K– un peronismo de segunda generación, es decir un peronismo que se plante frente a la sociedad de riesgo con la misma integridad y clarividencia como lo hizo en su momento frente a la sociedad salarial.”
Es impresionante el párrafo. Estas cosas las voy a extrañar. Eso necesitamos. Abrazo
P.S:: Che, sugerencia: poné un link para suscripciones. Es más cómodo.
Hola, Eze, muchas gracias. ¿Por qué decís “las voy a extrañar”? ¿Te vas? ¿Me voy? jeje
Voy a ver lo de las suscripciones; imaginé que con el RSS estaría de más, pero me fijo.
Me voy yo, es hora de mi viaje epocal.
Che, releo y dudo: ¿No habrás querido escribir “Encandilada la centralidad de los blogs nac&pop”?
corrijo: “encandilada con”
Ah, mirá vos! bueno, buen viaje. Sí, la encandilada soy yo
[...] *Esta entrada se publicó originalmente acá. [...]
Bueno. Medio como exagerado lo suyo con respecto a la bloguería. Aunque viene bien el mimo y asumir esa pretensión de complejizar el proceso político tensionándolo hacia adelante. Es como decía Hernán Brienza en una charla en Santa Fe: así como Kirchner dijo que hay que profundizar el modelo, los blogueros pueden empezar a discutir qué corno es profunidzarlo.
Eso sí: no usemos “vanguardia”, ja.
Y por cierto, felicitaciones por el blog. empezaré a leer.
Uh. Mendieta, ¿me firmás un autógrafo? :p
Ahora, hablando en serio: sí, me parece una buena premisa la de Brienza.
Y no: me rehúso a recortar mi vocabulario por miedo a las “pegatinas léxicas”: yo soy parte de una generación nueva, límpida, cristalina (!), y voy a usar las palabras necesarias en las oraciones pertinentes
He dicho.
Un beso y gracias!
[...] El Kirchnerismo como fuerza-bisagra entiende esta lucha intestina, y sin mayor guía que ciertos “principios-guía” del barbarismo, va auscultando qué es lo que hay que subsanar, corregir, y en algunos casos eliminar. Es muy eficaz para encontrar las grietas y muy hábil para colocar las bombas: aunque después su táctica sea volar todo por el aire y luego, como decíamos, sobreviene el replanteo total. Como en el rugby, están obligados a hacer sus pases siempre para atrás, o bien pegar un pelotazo con el pie para avanzar. Pareciera que el Kirchernismo se mueve a partir de una serie de principios no negociables y, a partir de ellos, cinturea la coyuntura. (Y me pregunto si cabe, si es históricamente pertinente, reclamarles un Plan, un Modelo, teniendo en cuenta su muy especial ubicación socio-histórica). Pero están convencidos, sin dudas; creen fervientemente en La Barbarie: si no, no se explica la arremetida persistente, feroz, la fe con la que tiran la bomba y confían en que todo “será para bien”. Pareciera existir, sí, una suerte de mesianismo, y también cierta frustración por la escasa respuesta que obtienen por parte de su “pueblo elegido”. [...]