Guerra simbólica, peleas de poder y cambios estructurales
Tanto Fibertel como Papel Prensa son peleas específicas, dentro de la gran guerra comunicacional, por el medio, por los canales, por los soportes. Si esta fuera una guerra (y lo es), esos son los recursos estratégicos en manos del enemigo tras los cuales va el kirchnerismo. En otras palabras, la guerra política es por la comunicación: por la facultad de transmitir ideas, relatos, pero sobre todo explicaciones. Porque la política, los políticos, han entendido que la gente no sólo se rige por lo que pasa en sus bolsillos: pondera también su posición relativa y el desempeño de la sociedad en su conjunto. Y es más: evalúa a sus dirigentes según las explicaciones que se le brinden de por qué está así su bolsillo, por qué a la sociedad en su conjunto le va como le va, quién es responsable de ello y quién va a pagar por ello, si cabe. Clarín y La Nación, pero sobre todo Clarín, han sido durante años los “explicadores” de cara invisible y voz neutral, los relatores o narradores de la historia nacional.
Las explicaciones no son sólo relatos: son parte de los hechos. Un hecho no está terminado hasta que no tiene una explicación. Un sentido. Y hay muchas maneras de combinar hechos con sentidos.
Los Kirchneristas, por ejemplo, hacen las cosas y después explican, y van construyendo su estrategia a partir de ese hecho explicado. ¡Pum!, volamos Fibertel, porque (a) no queremos que este multimedio siga comiendo canales de comunicación (y no, como sostienen algunos, para evitar el monopolio, que refiere a un mercado particular, y el de las telecomunicaciones el oligopólico) y (b) porque es necesario replantear la estructura e infraestructura de nuestros servicios comunicacionales. Internet es un recurso estratégico. El papel también: no porque su producción sea un monopolio (de nuevo, existen otros proveedores en Tucumán y en el exterior), sino porque existe una distribución desigual, injusta, de esos medios de producción de medios. Y eso es lo que queremos cuestionar, redistribuir, intervenir, legislar. Pero, claro, lo hacemos así: tiramos la bomba, esperamos que explote, y luego explicamos lo que pasó, por qué pasó, y vamos pensando y disponiendo sobre la marcha qué es lo que se va a hacer al respecto. ¿Planificaqué? (Aunque ha de admitirse que, al menos, gracias a los blogueros, los militantes, el 678ismo y –asumo– nuevos asesores, los Kirchner están afilando, o mejor dicho suavizando, la dimensión explicativa de sus acciones).
Esta forma particular de actuar, la “marca registrada” de los Kirchner, puede parecer caprichosa y meramente power-driven desde una perspectiva coyuntural pero, desde una visión de más largo alcance, no lo es tanto. Algunos de nosotros creemos entrever en este momento particular una redistribución de poder ente las fuerzas sociales que hace posible, o menos despareja, la lucha entre dos estructuras estructurantes, diría Bourdieu, un paradigma y sus grietas, diría Kuhn, en fin: Civilización y Barbarie. Ese, creo yo, es el contexto histórico, y por tanto estratégico, que debe darse a estas acciones tácticas.
La lucha entre Civilización y Barbarie en nuestro país implica que se dirimen sobre el campo político, social y cultural la Utopía iluminista versus la empatía extendida, concreta, un entendimiento básico de que el otro es parte de mi ecosistema, de mi hábitat, que lo que le pasa a él me pasa a mí y viceversa. La Barbarie desconfía de un idealismo desinteresado o un universalismo abstracto: la “empatía extendida” parte de la constatación empírica, experiencial, fenomenológica, de que existen otros: otros de los que soy responsable y que son responsables por mí. La identificación republicana del ciudadano es con un ideal, una bandera, ciertas palabras; en la barbarie, la persona se identifica con la tribu misma.
Si se acepta la hipótesis de que estamos en un momento histórico “bisagra”, entonces, se abre una brecha –una posibilidad real, concreta, al alcance de la mano– para cambiar los fundamentos estructurales y superestructurales del país, y estas acciones tácticas del kirchnerismo, aparentemente inconexas, arbitrarias, caprichosas, ciertamente podrían interpretarse como una suerte de “terrorismo de Estado”, como sostiene Carrió. Pero a la luz de la pelea estructural, vemos que se trata de un terrorismo al revés: es decir, una insurrección o revolución desde el estado hacia sí mismo.
El Kirchnerismo como fuerza-bisagra entiende esta lucha intestina, y sin otro mapa más que ciertos “principios-guía”, va auscultando qué es lo que hay que subsanar, corregir, y en algunos casos eliminar. Es muy eficaz para encontrar las grietas y muy hábil para colocar las bombas: aunque después su táctica sea volar todo por el aire y luego, como decíamos, sobreviene el replanteo total. Como en el rugby, están obligados a hacer sus pases siempre para atrás, o bien pegar un pelotazo con el pie para avanzar. Pareciera que el Kirchernismo se mueve a partir de una serie de principios no negociables y, a partir de ellos, cinturea la coyuntura. (Y me pregunto si cabe, si es históricamente pertinente, reclamarles un Plan, un Modelo, teniendo en cuenta su muy especial ubicación socio-histórica). Pero están convencidos, sin dudas; creen fervientemente en La Barbarie: si no, no se explica la arremetida persistente, feroz, la fe con la que tiran la bomba y confían en que todo “será para bien”. Pareciera existir, sí, una suerte de mesianismo, y también cierta frustración por la escasa respuesta que obtienen por parte de su “pueblo elegido”.
Ahora, la estrategia/táctica de Carrió es, para mí, una incógnita. Cuando el gobierno era neoliberal-derechoso, ella sale con el ARI y un progresismo feroz. Ahora que el gobierno es progre, ella se corre a la derecha con la Coalición Cívica, invocando a Rousseau y la propiedad privada. O sea: destruyó (o dejó morir; en todo caso, desestimó) todo lo que había construido anteriormente pero, además, ¡contradiciéndose! La pregunta es: ¿se corrió con el electorado, o se corrió en función del Gobierno de turno para ser oposición forever? En todo caso, ¿qué tan grande es la porción de progres-antiK como para justificar semejante panquequeada? ¿O prefiere disputar constituency a los opositores más que al oficialismo? O, quizás –y yo no soy muy amiga de las explicaciones psi, así que esto es lo máximo que me permito– ella está cómoda donde está, habiendo amasado considerable poder e influencia, y no quiere arriesgar lo ganado hasta el momento. Está cómoda. Le da miedo crecer (porque sabe que podría: “miedo al éxito”, que le dicen). No lo sé. Si alguien lo sabe y me lo quiere explicar, le estaré muy agradecida.

Faro:
Un post bien escrito y bien razonado. Pero no hablás del caso Fibertel, ni de la comunicación en la sociedad moderna. Estás haciendo el “relato” del kirchnerismo.
Eso no está mal. Es una forma válida de la militancia, y estás bien equipada para hacerla. Pero… hay muchos blogueros que ya lo están haciendo, con entusiasmo. Me parece que terminan construyendo, además de un “relato K”, un entorno comunicacional “explicador”, en el cual Todo lo que hace el Gobierno es la astucia del Conductor, o – si son más hegelianos y sofisticados como vos – la astucia de la Historia.
Como el gobierno tiene una amplia cuota de boludeces – todos la tenemos – eso contribuye a vendarle los ojos, y que termine chocando.
Ser crítica en tus apoyos, y señalar cuestionamientos, es más solitario pero contribuís a políticas más inteligentes. Y ahí creo que tu aporte se notaría más.
En la segunda parte del post, en que te preguntás sobre Carrió, te acerco la respuesta que hacen en un blog “republicano”, donde a menudo escribe Marcos Novaro: http://www.politica.com.ar/blog/2010/08/20/la-construccion-politica-fragil/ Me parece una hipótesis interesante.
Besos
Farolito hagame caso y en lo sucesivo, con semejante materia prima, haga 3 o 4 entradas en vez de una sola. Va a ver que le rinde más (?).
De atrás para adelante:
1) Sobre Carrió, después de “El dilema Carrió” de Fede Vazquez no queda mucho mas para agregar. Al menos a mi no se me ocurre nada mas original para decir.
2) Sobre lo otro, usted sabe que para mi la mentada guerra comunicacional es epenas una cortina de humo. Por ejemplo anteayer los 2 hechos mas importantes ocurrieron en La Plata y en las 6 plantas de Siderca/Siderar, lo que pasaba en la Rosada era secundario. “Allá” estaba la verdadera lucha por un programa redistributivo (la revolución Estatal a la que usted se refiere), mientras “acá” Cristina acompañaba bién metiéndole el dedito en el culo a toda esta lacra empresarial parasitaria parida por el Proceso y engordada por el Austral y la Convertibilidad y sembrando el desconcierto y la confusión entre sus titeres parlamentarios (que ahora tienen otro juguetito para entretenerse un rato largo).
Por otro lado comunicacionalmente hablando creo que el gobierno debe apelar al sentido común: no hacer cagadas importantes, tender una red de medios privados que provean informacion oficial y sostener los medios Estatales tratando de afianzar cierto estandar de calidad (Encuentro, p.e). Punto. Pero el acompañamiento de las “capas medias urbanas desagregadas” no se logra comunicando bien sino gobernando bien lo que presupone mantener dividida y desmovilizada a la oposición política y corporativa. Y esto último se logra con política a secas no con política comunicacional. O a la Mesa de Enlace la fracturó un acierto comunicacional?
Yo creo que un punto a “todos” les conviene que la crisis de poder adopte la apariencia de una guerra comunicacional “por el control de los medios” cuando lo que está en juego es la renta empresaria que es el único territorio donde se juega el salto hacia una política redistributiva económica y políticamente sustentable.
Los Hugos tranquilamente podrian decir como aquel asesor de Clinton: “Es el trabajo en negro (y la ratio aportantes/beneficierios del sistema previsional), estúpido!”.
Por último, coincido con usted: no hay plan, nunca lo hubo y no lo habrá. Mientras la hegemonía esté en disputa no puede haberlo. Lo que si hay obviamente son orientaciones y la que llamamos kirchnerismo, al menos para mi es la que trata de acompañar -y en apariencia conducir- a eso que usted vió en Azopardo el 26 de julio.
Intenté no irme al carajo farolito, pero me parece que no lo conseguí. Perdonemé! Muy buen post, como siempre.
Abel:
Seguramente hay otros bloggers produciendo explicaciones, y mucho mejores que la mía. Sin embargo, este no fue un intento de hacer “relato kirchnerista” sino post o pankirchnerista. Y está pensado para los lectores habituales de este blog, personas de clases medias que generalmente sienten una aversión cuasi instintiva por el estilo K. Por lo demás, mi visión es crítica del kirchnerismo, especialmente en su falta de previsión. Lamento que no se haya traslucido completamente en este post. Voy a leer aquél sobre Carrió que me recomendaste, muchas gracias!
Benito:
Tenés razón, por supuesto, esto daba para tres o cuatro posts. Pero si me los proponía, hubiesen quedado en la Papelera de las Buenas Intenciones. Desde luego que hay muchas minucias y enlaces que están dados por supuestos, es apenas un punteo semi-procesado de un montón de cosas (es, al fin y al cabo, un blog).
La Mesa de Enlace –y sus flamantes representantes directos en el Congreso– se constituyó en gran medida gracias a un acierto comunicacional. En lo demás, estoy de acuerdo con vos: la explicación es un aderezo, si se quiere, pero uno crucial, de la realpolitik
No coincido con ninguna de las dos cosas.
La Mesa de Enlace no fué un acierto en gran medida comunicacional sinó un desacierto de la agropolítica kirchnerista. Cuando la modifícó, la Mesa de Enlace empezó a mostrar fisuras hasta el otro dia en que votaron dos dictamenes enfrentados.
Y la explicacion no me parece un aderezo crucial de la Realpolitik. Tiene alguna importancia (a veces mas, otras menos) en relación a las capas medias urbanas desagregadas (CMUD, me inventé una sigla!). En mi opinión esas capas se elejan del gobierno cuando éste erra su política, detona la emergencia del sujeto chacarero y muestra las costillas. Las CMUD (que al no ser clase no tienen intereses propios sino humores) solo necesitan certidumbre, marchan detras del poder. Quien lo tiene, las tiene consigo. Erman Gonzalez (qepd) no me dejaría mentir.
Perdoname, Faro, que me meta en una discusión en tu blog. Pero, al no haberme graduado en ciencias sociales, hay puntos de los que genuinamente no estoy seguro.
Cuando Ud., Benito, dice: “las capas medias urbanas desagregadas, que al no ser clase no tienen intereses propios sino humores” ¿está desarrollando una teoría neomarxista que reconoce en determinados sectores un espíritu angélico que les permite no interesarse en sus niveles de vida y de consumo?
O el tema es evangélico, y, como los lirios del campo, “no se afanan ni hilan”?
Perdóneme Ud. si me dejo llevar por la ironía (un defecto mío), pero es un punto que me parece importante tener en cuenta en una discusión política. Todos tenemos intereses materiales.
Saludos
Ah pero no se aflija, yo tampoco me gradué, ni Flor asi que por ahora somos todos autodidactas del chamuyo.
Y como abonado a su blog sepa que le conozco tanto lo irónico cuanto lo respetuoso de modo que bienvenida la humorada. Lo que no le permito es lo de neomarxista: quite el prefijo o agarre el cuchillo!
Sí Abel, todos tenemos intereses económicos (es un blog, diría la Farolera), pero para el marxismo -hablando de grupos sociales y no de individuos- las pequeño burguesias urbanas desagregadas, más o menos como los lirios del campo, y justamente por su condición desagregada o desagrupada o desorganizada, tiende a valorar mucho mas la estabilidad que proponen las hegemonias plenas que las fluideces de las hegemonias disputadas y, por eso, su humor explica su comportamiento político mucho más que su interés económico. Esa sería no la realidad de las cosas pero sí el esquema con que los marxistas nos guiamos en el análisis de las cosas de la realidad.
Le mando un abrazo.
Una cosa no quita la otra, Benito. Hubo un terrible desacierto en la política agraria kirchnerista, y hubo una gran capitalización por parte de los “agraviados”, en términos reales y en términos discursivos, de ese desacierto: atrayendo y casi –¡estuvo cerca, fiu!– articulando esas CMUD que, por regla general, se autoperciben más cerca (por vínculos económicos o aspiraciones de clase, no importa) del sector agrícola que otra cosa.
Como te decía por otros medios, cuando la lucha es por la hegemonía la explicación se vuelve un factor crucial: ya no sólo las CMUD sino todos los sectores necesitan reconstruir y reafirmar sus convicciones, lealtades y aspiraciones. Decir lo contrario es subestimar a los sectores populares. Un cambio paradigmático –una revolución, digamos– requiere grandes oradores, requiere persuasión, requiere coherencia y consistencia para convocar y para movilizar.
Por lo demás, algo pasó después de la 125 con la conciencia de las CMUD, un “algo” que se profundizó con la Ley de Medios, con la pelea con Clarín, con 678, y hasta con la AUH. Para mí que es un error seguir considerándola un lastre político: Carrió, por lo pronto, se desvive por ella.
Y hablando de Carrió, las dos notas que me pasaron (la de Fede ya la había leído y, es más, se la envié a uno que otro) son sumamente interesantes, pero no me responden la pregunta de cuál es la lógica de Carrió para explicar su trayectoria izquierda-derecha. Los antropólogos usan los términos “emic” y “etic” para las explicaciones: los artículos son excelentes hipótesis etic, es decir, desde el punto de vista del analista u observador, pero yo quiero la explicación emic, es decir, del punto de vista del protagonista o actor. Por tanto, algún carriosista que me diga cuál es el discurso que circula en las reuniones de militantes y tal…
Es más, Benito: me atrevería a afirmar, un poco temerariamente, que para vos el “relato” no es importante porque justamente lo tenés interiorizado, naturalizado. Pero los CMUD ahora, o los obreros en su momento, o los piqueteros, en fin: los sujetos colectivos que van emergiendo, tienen que atravesar un proceso de politización hasta llegar a tu estado; esto es: la identificación de intereses y la apropiación de cierto(s) discurso(s) y prácticas, en suma, una identidad política (o conciencia en sí y para sí).
Y en un momento como este, en el que la división de aguas es tan marcada y tan profunda, aquél que logre articular una explicación más coherente y verosímil tendrá más chances de acaparar ese capital simbólico fundamental: la legitimidad, que a su vez facilitará la conquista de más posiciones, más apoyo, más acciones.
[...] la lógica republicanista y sus representantes implica una gran oportunidad para el avance de la la barbarie. Los primeros no saben o no pueden dar respuestas efectivas: su modelo político-institucional se [...]