Oportunidades políticas, nuevos actores potenciales y “más y mejor populismo”
Coincidimos con horca, brillante comentarista del igualmente perspicaz Fede Vázquez, cuando dice que el kirchnerismo es un “constructor de pisos y no de techos”. En este sentido, Musgrave –desde “la frialdad de los números”– nos dice que no hay mucha perspectiva para seguir construyendo “más y mejor populismo” (aka, “profundizar el modelo”) sino que lo que toca a partir de ahora es “defender lo conseguido”. Y en términos generales estoy de acuerdo, pero no quiero dejar de mencionar algún atisbo de oportunidades políticas que asoman en el horizonte, que no necesariamente tienen que ver con la situación económica sino más bien socio-política del país.
Me refiero, claro, a la estudiantina porteña (que amenaza con extenderse al interior del país) y al Primer Congreso Nacional del Movimiento Campesino Indígena (MNCI), entre otros. ¿Serán los K lo suficientemente astutos como para liderar y capitalizar (cooptar, aliarse, dirigir, organizar) los movimientos tectónicos que se están produciendo en la sociedad?
¿Dará el kirchnerismo en el clavo ante esta nueva enunciación social? ¿Brindará una respuesta relevante, consistente? Y si no lo hiciera, ¿quién y cómo lo hará?
Habrá que ver, por otra parte, si estos “nuevos actores” se constituyen y perduran efectivamente como tales o si, por el contrario, terminan desvaneciéndose como tormenta de verano (o de teflón).
Ante el primer caso, la Presidenta asegura que el presupuesto educativo superó el 6% del PBI. Sería interesante analizar a dónde fueron a parar esos billetes y, en todo caso, dónde se trabaron, porque las condiciones de estudio y de trabajo en algunas facultades son lamentables. Doy fe. Pero, de todos modos, se trata de una respuesta minimalista: la juventud se enfrenta a cuestiones más amplias y complejas, como la inserción en el mercado de trabajo (desempleo, subempleo, explotación, vulnerabilidad, incertidumbre, precariedad) y su consecuente erosión de las condiciones de existencia (marginalización, pobreza, adicciones).
Por otra parte, frente a la cuestión agraria, el Plan Estratégico Agroalimentario ya había comenzado a dar unas buenas pautas iniciales (y esto tiene la impronta de Alicia Kirchner por todas partes). Pero aún queda por verse la cuestión de las empresas multinacionales y cómo (des)balancear esos intereses con los de los “nuevos” actores subalternos que van ganando momentum, alentados sin duda por la circunstancial flaqueza de los sectores dominantes conservadores y la fortaleza relativa del populismo gobernante.
¿Y qué otros actores entran en escena?
Los sindicatos, por supuesto, que desde hace unos años se vienen rearmando a toda máquina y recuperando sus poderes saludablemente.
Los movimientos sociales organizados vienen siendo interpelados y encauzados, en parte, por la compañera Alicia.
Ahora bien, según entendemos desde las 62-Capital, hace falta seguir construyendo en pos de la organización del sector pyme industrial, tanto desde el lado de los empresarios como de los trabajadores, para que se constituya en otra gran “placa tectónica” que sume su voz y su peso al gran pogo nacional. Esta voz es fundamental para alcanzar una modificación sustancial y duradera del mapa de las relaciones de poder, especialmente frente a los intereses de corporaciones internacionales que hoy guardan una amplia capacidad de incidencia y decisión en los asuntos nacionales.
En fin. El retraimiento de la lógica republicanista y sus representantes implica una gran oportunidad para el avance de la la barbarie. Los primeros no saben o no pueden dar respuestas efectivas: su modelo político-institucional se va agotando, al ritmo del desconcierto y los desaciertos de los popes del primer mundo frente a la crisis internacional. La pregunta, supongo, es: ¿estarán dadas las condiciones (materiales, sociales, políticas, históricas) para tomar la oportunidad y reconfigurar el mapa de poder?
