Como en muchas de estas ocasiones, los motivos que llevan a una a hacer ciertas cosas sólo se clarifican una vez que el evento se termina.
Qué hago acá, pensé más de una vez: en la entrada, en la calle, entre la marea de gente que parecía saber perfectamente qué había que hacer y qué cantar y de qué manera tocar los bombos y de qué forma acompañarlos.
A ver: yo crecí en una familia de clase “media-alta” (?), conservadora: soy una hija de los countries, de los colegios privados, de los clubes exclusivos (/yentes). Estar entre los bombos y, enfrentémoslo, los morochos, me llenó de miedo. Esperaba que, de un momento a otro, se me espetara el clásico “vení, rubia…”, pero no. Nadie. En lugar de eso, hubo algún “permiso, compañera, tienen que pasar los bombos”; alguna sonrisa tímida. Nada más.
Entramos sin problemas, rápidamente. Me ubiqué arriba, en la platea. Sonaban los bombos, acá estamos, ¡nos escuchás! Si no nos escuchás es porque te hacés la boluda, eh… Al lado mío había una parejita de 16, 17 años, no más: atravesarían todos los discursos abrazados y en silencio, como recibiendo con seriedad las promesas que se hacían desde el escenario.
El calor se hizo vapor entre las banderas y los papelitos. Los símbolos cobraban vida y se bajaban de los trapos hacia los torsos desnudos, opacos, tatuados o vírgenes. Músculos llenos de trabajo y de presencia se agitaban en ruidosa expectativa.
No hay nada que sublimar acá, me dije a mí misma: la quintaesencia del peronismo, el morochaje, el trabajador desnudo, diciendo con el bombo lo que “los otros” se niegan a escuchar. Estamos acá y no te podés hacer el boludo. Estamos acá, tenemos algo que decirte, te guste o no.
Una vez que los poros estuvieron abiertos y completamente receptivos, comenzaron los discursos. Porque en estos acontecimientos el cuerpo escucha con los poros; cada pelito del cuerpo sintonizando con las ondas del resto. Las palabras son secundarias. Son secundarias, y esto en la tele no se ve. Esto es algo que la tele no puede transmitir: el cuerpo como eslabón de una cadena de transmisión eléctrica.
Pensaba en mi gente, mi familia, mis amigos, mis redes. Pensaba en lo que se perdían, en lo que se estaban perdiendo, por el solo hecho de no querer escuchar. Por refugiarse detrás de palabras abstractas, de la pulcritud, del gestionsimo, del honestismo, del discurso autocomplaciente y autoindulgente del medioambientalismo, del ONGismo, de la puta caridad.
Acá había, en el Luna, dos generaciones de militantes: en el escenario, una con trayectoria larga, agotadora, sostenida, que venía a encontrarse con la juventud: no sólo para hacer una demostración de fuerza sino, fundamentalmente, a pasar un legado. Experiencia, calle, conocimientos, una visión: la política como una profesión y una forma de vida, un sacerdocio. Un legado. Y cuando la Presidenta dijo: “ustedes, que tienen todas las libertades, tienen ahora grandes responsabilidades: decir lo que hay decir, hacer lo que haya que hacer” (palabras más, menos), para que “no vuelvan a ocupar espacios públicos aquellos que se preocupan únicamente por su destino individual”, ahí sí, las palabras cobraron vida.
Así debe ser: los cuadros nuevos subordinados a los lobos viejos, para aprender, para ser iniciados, para ser guiados, protegidos y alentados. Ningún título y ninguna billetera te dará esto, amigo. Las cosas como deben ser.
En el Luna, ayer, hubo un traspaso generacional, un reaseguro de que el compromiso con la política no es una locura, que está bien enamorarse de la política, de la cosa pública, de las convicciones, de los destinos colectivos.
Política. Sí, señores.

La contás con talento y sinceridad. Te felicito, porque no son muchos los que saben contar así. Todavía te felicito más, a vos y a todos los que estuvieron y la sintieron, por haber tenido esa experiencia.
Atesórala y dejala germinar. Las desilusiones y el desgaste, que vendrán, no le quitan validez ni verdad.
Te dejo una frase que a mí me enganchó de joven, de una autobiografía de Arthur Koestler “Conservar aceitada la pistola y limpio el espejo” (las metáforas son de una época más romántica y más loca). Y tratemos todos que esta vez salga mejor.
Besos
Muy bueno.
Saludos.
Hermosa nota. Para quienes hemos militado en otras décadas, un canto a la esperanza, que tanto nos hace falta. Excelente.
Me encantó. Sobre todo la idea de estar allí para pasar un legado. Estamos viviendo días maravillosos, y algunos se lo están perdiendo. Pobres.
Excelente nota, sobre todo el final y la parte de cómo el cuerpo entiende más que los oidos!
Un placer leerla!
Emoción. Haberlo leido y haberlo visto en la tele.
Gracias por haberlo puesto en palabras.
El espacio popular debe ser por definición amplio. Me alegro de encontrar gente que como vos ha decidido pararse de este lado
Buenísimo.
Lindo. Muy, muy lindo.
Que bueno lo que decís, buenisimo, es así, emociones y convicciones compartidas, es lo mas.
Espero que no te disguste la mención.
http://deshonestidadintelectual.blogspot.com/2010/09/juventud-y-el-viejo-tango-peronista.html
Un abrazo
Si es cierto que alguna vez la política se murió, “la farolera” acaba de dar una magnífica y veraz descripción de su jubilosa resucitación. Me hiciste recordar alguna de las bellas descripciones que hizo Tomás Eloy Martínez de la juventud de 1973.
Eddie
Una crónica excelente, felicitaciones
Muy bello tu post Florencia.
Mi hija menor, Teresa, también estuvo ahí !
Muchas gracias a todos y todas por cada una de sus cálidas palabras, por arrimarse al fogón, por hacerme sentir acompañada. Así da gusto caminar, che!
QUerida, tengo 57 años.Soy de la generacion de Cristina y de Nestor y para hacerla corta, del palo
Tus comentarios me suenan conocidos ya que los he percibido al ver a jovenes como vos abrazar la politica en recientes actos y manifestaciones de este año
Parte de mi generacion considero la militancia politica como el deber. La voluntad del cambio y la confizana sobre el mismo , como el futuro irremediable. La vida resulto mas compleja, mas cruda. pero no por ello menos hermosa , desafiante y merecedora de nuestra pasion vital
Pone lo que hay que poner y sera un compromiso para siempre
Un abrazo
La emoción a flor de piel en este post. Muy pero muy lindo.
Que bueno que la política convoque.
Saludos.
Felicitaciones y bienvenida al club, Farolera! Jaja! Yo no fuí, pero lo veo y lo siento, y lo que supura y revienta no es solemnidad, no la seriedad del bronce y la liturgia, lo que surge y empuja es la alegría, la esperanza y la vida! No más aguante, ahora es adelante!
¡¡¡Que lindo que es ser peronista!!!
Bien rubia,muy bueno!!!
Si, una lagrimita me la hiciste escapar..
wow!
como decía la propaganda, “has recorrido un largo camino, muchacha”.
me alegra que estés inspirada, alerta y apasionada, aún sin compartir en absoluto tu visión del circo en el que estamos metidos todos.
besos
¡Flaneur! ¡Qué alegría verlo por aquí…!
El camino recién empieza, y me alegra que sea usté quien trota por el andarivel lindero
un lujo.
¡Besos!
Che rubia, si a vos… me gusto que te enganches así, pensé que no lo iba a ver de nuevo, soy una persona grande y eso lo sentíamos en nuestra juventud, gracias, ustedes son el reemplazo, pero esta vez háganlo bien, nosotros no supimos
Flor, me atravesó la descripción de lo que viviste, seguro trascendental, también por otro lado me siento tocada cada vez que la gente que “hace política” habla de los que “no hacemos política”, implícitamente siempre siento que se está hablando de eso y siento que todos hacemos política, es insuficiente decir que porque uno no está en un acto, en el fenómeno, en el grupo no sea político, hoy hay muchos, demasiados discursos políticos y la minoría de ellos los están diciendo los que están en eso, creo yo.
beso
CUIDADO CON LOS ACTOS POPULARES, NO SON EL LUGAR PARA CONSTRUIR UN PAÍS JUSTO EN SERIO, A FUTURO. (Primer comentario en “desacuerdo”).
NO estoy haciendo un paralelismo (me molestan MUCHO los alarmistas que asi lo hacen) pero si hubieras estado en 1933 en una manifestación Nazi hubieras escrito algo incluso más sentido y emocionante, porque las emociones se encienden y nos hacen manipulables. Las emociones desatadas nos hacen vivir momentos inolvidables, pero no son el camino hacia un país justo, estable y pensado estratégica y humanamente. Las manifestaciones y los actos partidistas no son el camino a la igualdad, el camino a la igualdad se ve cuando los grupos políticos consensúan políticas que se prolongan en el tiempo, cuando se pienza y se ACUERDA un país con un plazo de más de 4 años, suena a cliché, pero es una verdad que se corrobora en todos los ejemplos de países desarrollados. La pura emoción termina en sectarismos desastrosos, muchas veces brutales.
Los países serios, que avanzan hacia una sociedad DE VERDAD más justa (se comprueba con hechos, no promesas y palabras, los índices de desarrollo HUMANO están disponibles para el que lo quiera corroborar) como canada, suecia, suiza, etc, no se construyen en manifestaciones partidistas unilaterales. Se hacen con consensos serios.
Muy buena la descripción de todas formas, atrapaste muy bien las sensaciones!
Cuando alguien, como Santiago Scanlan, habla en serio de “países serios”, pierde el derecho a ser tomado en serio.
Eddie
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